21 de noviembre de 2008

COMENTARIO CINE / Bernardo Astudillo


La Maldición del Personaje




Desde sus orígenes el cine se ha nutrido de la literatura para crear sus ficciones, tomando de ella a sus criaturas y demonios, contribuyendo, en muchos de los casos, a enriquecerlos y ampliarlos en el inconsciente colectivo del espectador de la gran pantalla. Indudablemente estos personajes han sobrevivido a los embates del tiempo y las modas, adaptándose a ellas como corresponde a seres intemporales y perennes. Pero si estos personajes han sobrevivido no se debe sólo a su valor intrínseco como criaturas universales, sino también a los actores que los han representado alguna vez, formando una fusión indivisible entre ficción y realidad, unidos por un rostro y un nombre determinados.

Los primeros personajes literarios llevados a la pantalla fueron los de difusión popular en los folletines de las postrimerías del siglo XIX y principios del XX; personajes como Fantomas o Arsenio Lupin, por ejemplo, versiones cinematográficas de 1913. Pero la verdadera eclosión de los personajes comenzaría en 1931 con la versión de Drácula de Tod Browning, protagonizada por el ya clásico Bela Lugosi. Con este actor comienza, por así decirlo, la maldición del personaje, una encarnizada estigmatización al que llamamos “encasillamiento” por parte del actor, terminando por sepultarlo en un rol determinado. Bela Lugosi fue el primero, convirtiéndose “en” Drácula. Muchos actores lo han representado a través de la extensa filmografía del personaje, pero ninguno ha alcanzado la notoriedad de Lugosi. Otro tanto ocurre con otro personaje de ficción mil veces llevado al cine: Sherlock Holmes. ¿Qué mejor rostro que el de Basil Rathbone para encarnar al detective del 221B de Baker Street? Si uno busca “el rostro” de Holmes no se aparece otro sino que el de Rathbone, invariablemente. Muchos actores lo han representado, pero ninguno como este actor sudafricano; se diría que cuando Conan Doyle creó a su personaje pensó en este actor y en ningún otro para interpretarlo en la pantalla grande. Otros actores que han representado a personajes inseparables han sido, por ejemplo, Johnny Weistmüller con su famoso Tarzán, el Rey de los Monos creado por Edgar Rice Borroughs; Guy Williams con su versión para la televisión de Disney de El Zorro, personaje de Colin McCullers; el Batman de la serie sesentera basada en los cómic de Marvel, encarnado por Adam West; el Superman, también de Marvel, con el rostro de Christopher Reeves. Pero, si de rostros hablamos, ¿quién no asocia este “mi nombre es Bond…James Bond” sino que con el rostro de Sean Connery? ¿O el deforme y tierno monstruo de Frankenstein con el de Boris Karloff? Y para qué decir que el rostro que mejor ha interpretado a Jesucristo en la pantalla ha sido el inglés Robert Powell, quedando como la imagen del Nazareno.

Aunque muchos y variados rostros los hayan representado en el celuloide, estas criaturas se mantienen en la retina colectiva con el de aquellos que los inmortalizaron, formando el tándem perfecto. La mayoría de estos actores debieron de sufrir la maldición del personaje, encarnándolos una y mil veces en la pantalla hasta el hastío, y hartos de ser asociados con ellos. Muy pocos se han salvado de la maldición, llegando a morir “siendo” el personaje, como ocurrió, por ejemplo, con Lugosi. Salvo las infaltables excepciones, los personajes han devorado a sus actores, convirtiéndolos en víctimas propiciatorias en la piedra de sacrificio de la ficción, donde ellos, los personajes, todavía sobreviven robándoles sus rostros.



30 de septiembre de 2008.


Bernardo Astudillo

Grupo La Mancha


Publicado en La Mancha doce.

2 comentarios:

Catita..!! dijo...

Buenos días, primera vez que paso por aquí y la verdad es que me siento bastante-muy ignorante.

En primer lugar, porque leo (con suerte) bastante-poco y debido a ello me cuesta comprender lo que escriben, justamente por eso siento lejano (aunque me gustaría) el día en que yo logre escribir algo de tal nivel.

Luego, respecto al comentario sobre la gente que se transforma en el personaje, entiendo la idea (creo), pero no he visto ninguna de esas peliculas y menos conosco a esos actores.

Finalmente, como pollito nuevo, no sé cuál es la finalidad de esta revista, ni de este blog, y a mdoo de evaluación: ¿creen que han logrado lo que en un principio se propusieron con este proyecto?.

Integrantes dijo...

Hola Catita!
En primer lugar, no tienes porqué sentirte ignorante: no hay ley que especifique la amplitud de conocimientos que debemos tener ni hacia donde deben estar dirigidos.
En cuanto a si nosotros sentimos que el propósito está cumplido... pues, sí, se está cumpliendo día a día, y prueba de ello es tu comentario en el blog, valiosísimo además, por ser de alguien que no acostumbra a escribir.
Eso es lo que deseamos: llegar transversalmente a todo público, ya amantes de la lectura, escritores o, simplemente, personas que pasaron por aquí aportándonos toda la riqueza de sus impresiones.

Saludos...

Amanda.