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25 de marzo de 2015

LETRA NUEVA / "Variaciones en pálido azul", de Ruth Pérez Aguirre


"Variaciones en pálido azul",
Ediciones Odisea Cultural, México.



AZUL ESPERANZA

Los diamantes gimen
dentro de sus cáscaras
de cristal
partículas de lágrimas
se esfuerzan en crear prismas
que no atraviesen
los lastimados ojos
el aire indiferente
circula alrededor
del alba joven y tibia
fresca y húmeda
de ese día
preñado de nuevo vigor
que trasciende el alma noble
de la floresta
invitada al festín
para agradar al sol
que sacude el rocío
de sus holandas
para engalanar de fiesta
las nubes.


AZUL DE LUNA

Luna
no estés de estúpida
esta noche
cuando le diga
ya no te quiero
luna
no me envuelvas otra vez
en tu hechizo
ni permitas que mi boca
flaquee
haciendo temblar mis labios
cuando termine con ella
luna
no me hagas recordar
los besos que nos dimos
Bajo tus embrujadores reflejos
en aquellas noches
de candorosos deseos
vete aléjate de mí
luna tonta
déjame en paz
no necesito más
de tus noches
ni gozar de tus encantos
ni de las caricias que nos dimos
iluminados con tu luz azul
anda
escóndete en una nube gris
y no salgas
que nadie te estará esperando
para decirte adiós.


AZUL OLVIDO

La mística ausencia
tiembla ansiosa
e incesante
en el perpetuo rumbo
que infundirá un desagravio
La prístina lisonja caduca al inicio
de un primigenio mensaje
baña y desgarra
el olvido de la tibieza
extraviada
en tapices árabes
de lánguidos prodigios
enlodando la argamasa
de los contornos de un domo
La cristalina lejanía
de los recuerdos
se asoma en las células
de su cerebro y provocan
miradas perdidas
en la turbia profundidad
de sus callados olvidos.



*****

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31 de marzo de 2013

LARGA DISTANCIA / Cuento de Ruth Pérez Aguirre, desde México





EFÍMERA VANIDAD
                               
       Selección de Cuento Breve Contemporáneo. cuentogotasVII
   Editorial aBrace. Uruguay- Brasil 2007

La brisa de la mañana hacía renacer la naturaleza toda. La suavidad de su encanto mecía las plantas incitándolas a desperezarse. Era un arrullo, un canto a la vida. Sus notas penetraron hasta mí provocándome un despertar lento… sereno… lleno de una paz incalculable. El sol parecía llevar con él alguna delicada melodía, de donde brotaban las ganas de vivir.
     Decidí hacer a un lado las sábanas que envolvían mis sueños y nacer entre ese murmullo de la mañana. Bañada por las gotas de rocío de la noche anterior, yo conservaba aún su humedad. Extendí mis brazos, despabilándome, a sabiendas de que el azul del cielo aguardaba con ansias ver el hechizo de mis encantos. Aquella inmensidad de luz y calor comenzaba a alumbrar dándole actividad a cuanto se encontraba bajo sus rayos. “¡Oh, la creación, cuán milagrosa es!”, fue lo primero que mi mente pensó. Comprendí desde ese instante la magnitud de aquel poder. El aire soplaba tenue, casi imperceptible, y con ello contribuía a mecerme mientras terminaba de avivar y secar mi lustrosa corola. De pronto, escuché unos pasos y el inmediato sonido metálico de unas tijeras. ¡Ay! Había sido separada de mi madre y de mis pequeñas hermanas, mis seres más queridos. Sin comprender la razón, fui trasladada al interior de la casa donde todo era seco y sin savia.
     Dentro de un búcaro de cristal, cuyo contenido era sólo un poco de agua, quedé horrorizada al sentir un sabor a medicina que empezaba a correr por mis venas. Comprendí que nunca más podría regresar con mi familia, con los míos, a los cuales debía resignarme a ver a través de una ventana. En medio de mi tristeza me abandoné a la sensualidad del aire que entraba a la estancia. Todo parecía apacible, dulce, como el zurear de las palomas… hasta que, de improviso, sopló una ráfaga que me volteó dejándome de frente a un espejo que no había visto y que estaba pegado a la mesita donde me encontraba. ¡Oh! ¡Oooh! ¡Cuánta belleza! Desde ese instante dejé de admirar los muebles, los adornos, y la calidez de los rayos del sol que, furtivos, entraban a colorear mis mejillas. Al mirarme, comprendí la razón por la cual había sido escogida de entre las demás que todavía dormían con sus corolas cerradas.
    

10 de octubre de 2012

LARGA DISTANCIA / Ruth Pérez Aguirre, desde México






LA VIDA PRIVADA DE UNA PALABRA


RUTH PÉREZ AGUIRRE. MÉXICO.
                                                    .

     -¡Me voy, me voy! Definitivamente dejo este lugar cuanto antes, no soporto vivir más en el anonimato entre tantas palabras famosas y engreídas.
     -Piénsalo bien, Ñufla, piénsalo bien. ¿Ya tienes dónde acomodarte?, o sólo lo dices movida por un berrinche –le dijo con voz suave, tratando de calmarla un poco, Ñandú, que vivía cerca de ella y con el cual Ñufla sostenía una bella relación de amistad desde hacía muchos años.

     -Pues me voy, eso es lo único que sé. Ya está lista mi valija, ¡para lo que voy a llevar! ¿Qué puede detenerme aquí, en esta página, cuando no tengo el arraigo de lazos familiares? Es uno de los motivos que me mueven a hacer esto que te parece una locura. –Decía, casi llorando--. No cuento con la fortuna que posee la mayoría, como Zapato que tiene tantos familiares. ¿Has visto las fiestas que hace? Llegan muy contentos Zapata, Zapatazo, Zapateado, Zapateador, Zapateadora, Zapatear, Zapateo, Zapatería, Zapatero, Zapatera, Zapatilla, Zapatito, Zapatita, Zapatudo y Zapatuda. Y eso sólo por mencionar a Zapato que ayer lo encontré bailando muy contento con Zapatilla.

     -Deja la envidia por un lado y céntrate en tu realidad, querida –continuó impasible Ñandú con su voz acompañada de un hermoso aleteo.

     -Es que no puedo quedarme cruzada de brazos, Ñandú, no tengo a nadie, no sólo cerca de mí sino en todo el diccionario. ¿Crees que no me dan ganas de llorar cuando veo que muchas palabras, casi todas, tienen una familia con la cual identificarse? Cuando miro pasar a Tener, por ejemplo, me dan ganas de saltarle encima y atacarlo; no es ningún objeto cuya foto pueda verse, aun así su definición abarca gran parte de la página. Cuando nos encontramos, tiene el descaro de mirarme con sorna, con tal desprecio, como diciéndome que no tengo ningún derecho a continuar aquí, aunque ocupe un simple lugar de tan sólo dos sílabas. Y no se diga más de Pasar, Ser, Vivir… y todos esos vanidosos de primera.

     --Ay Ñufla, lo que pasa es que tienes la cabecita llena de cochambre. ¿No ves que ellos son verbos y están llenos de compromisos? Son muchas las cosas que hacen, por tal razón sus definiciones son enormes –le decía, queriéndola consolar.

     -Pues estoy harta de esta mediocridad. --¿Sabes que puedo irme de fiesta, mejor dicho de juerga, sin que nadie se dé cuenta ni pasadas varias semanas? Ah, pero que no hagan lo mismo Pascua, Papel, Pollo… a ellos sí que iban a extrañarlos. En cambio a mí ni siquiera un despistado escritor me buscaría. Soy tan insignificante que si me cambiara de página, por mi propia voluntad, nadie iba a notarlo. Pudiera conformarme con ser más pequeña, de significado muy corto, pero al menos que apareciera una figura que dijera: ésta es Ñufla. Pero no, ni siquiera eso. Ni yo misma sé que definición es esa de “cosa sin valor”. ¡Qué vaguedad! ¡No lo resisto!

     -Vamos, vamos, debes mirar lo positivo de tu caso. Tal vez en los diccionarios no seas una gran aportación, pero que me dices si te fueras a un glosario y…

     -¡Bah! ¡Para qué quiero irme a un glosario si no se venden en las librerías! Mira qué cosas dices, Ñandú. Tú sí podrías irte a uno de animales y ser una palabra muy importante, con ese cuerpo imponente que tienes, pero yo ni eso puedo hacer, mi significado es tan poco “significativo” que no entra en ninguna categoría. Además, ¿te das cuenta que las palabras que comenzamos con “ñ” ni siquiera llegamos a ocupar más de una página en un buen diccionario que se precie de serlo? En muchos otros, que son pequeños, no aparezco por ningún lado. Eso me dijeron Ñú y Ñaña que siempre están en todos.

     -¡Basta de lamentos, Ñufla! Resígnate a ser quien eres y lleva la vida con orgullo. Al menos sabes que los editores nunca te quitarán de tu lugar como hacen con las palabras que caen en desuso.

     -Pues si piensan quitarme o no, antes quiero darles la lata –decía, mientras desempacaba sus efectos personales que había puesto en la valija –un día de estos voy a meterme en otra página y me cambiaré la “ñ” por la “n” porque sé muy bien que en otros idiomas no existe esta letra y menos les da por buscarme. Es más, muchos de nuestros usuarios creen que mi nombre comienza con N. ¡Es terrible haber nacido para ser confundida por cualquier otra!