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20 de julio de 2014

SALUDOS / Noveno Aniversario de Revista La Mancha



Don Quijote y Sancho Panza
Pintura © Luis de Horna.


La cercanía de los años anteriores que fueron develando el gemir y la perseverancia del tiempo que ha pasado por nosotros, los otros, y cuanto texto se desdobló en papel y tinta hasta hacerse página de esta revista que surfea aun no poseyéndose del “no hay comentario", y que sigue a pesar del otrora germen de nuevas formas de cruzar la palabra, o incluir la pasividad de relacionarse a fuerza o encubrimiento de la literatura, no merman el deseo, la acción, el inmenso afán de mantener un sueño para unos y para otros, que buscaron en su momento estar, ser una página de esta revista, y que por la máquina de la irrealidad, creyeron en otros medios para apaciguar sus ansias al devenir del germen poético.

Estamos, somos de papel y estamos construidos de él. Allí montamos y armamos nuestro leyaut, nuestra arquitectura, para montar el sueño que cada vez llega más distante, pero llega y se queda dando vueltas como el Quijote o esa irreverencia de llamarse o no llamarse Juan Luis el doble del otro, y qué enorme arquitectura aquella que aun no estando, está más que nunca.

Llamarse La Mancha porque queda, se estampa, permanece. Ese es el sueño que ronda y escupe a pesar del cambio global de este planeta.





9° Aniversario Revista La Mancha.

Pablo Delgado U.




18 de agosto de 2013

COMENTARIO / Editorial Mancha Nº 20, Pablo Delgado U.






BUSQUÉ, MIRANDO EL CIELO, INSPIRACIÓN *
                        



Te decía en la carta / que juntar cuatro versos
No era tener el pasaporte a la felicidad timbrado en el bolsillo…
 (Rojas)
                             

¿Decir poesía? Desde mi punto de vista, nada. Algunos escritos tienen un discurso verbal frente a cómo se resiste un texto para ser poesía y esto no se encuentra en citas perennes ni en locuaces estudios de primigenia verbalidad. Entonces se debe buscar más allá, contradecir el germen del texto, enturbiar el pretérito y separar las cuentas con el silabario.

Podemos tener un ahogo que nos cruce el corazón debilitado y eso no pasa de ser arritmia cardíaca  Podemos mojarnos hasta los huesos bajo la lluvia y eso no pasa de ser una empapada. Podemos ciertamente comparecernos del olor de una hierba triturada en las manos y eso no pasa de ser un juego de manos. Por tanto, allí con cierta prevalida curtiembre asoma el poema.

¿Entonces, donde está la poesía que quiero decir? La singularidad de los textos ciertamente está en los denominados poetas, ellos surten su poética disfrazada o empecinada en el rímel de su palabra. Se nutre su libertad - su única- que cohabita con el plagio desafío de su lengua y su escrutinio. Balbuceo para producir el desparpajo de su palabra. Materializar el poema es tarea de ellos, quienes establecen las leyes de su voz, causan el estrago, las fallas del lenguaje y la proyección estética de sus ríos. Entonces ellos, con su vivacidad se acercan al ombligo congelado del mundo y le prenden fuego a sus cenizas. Ellos, escuchan la marea y la separan del aire. Ellos truenan el ruido oculto de su voz hasta hacerla rito, engranaje de cristales que tienen nombre de rocas o piedras según sea el vértigo por donde alucinen sus palabras.

¿Va entonces un acercamiento a la poesía? Ardor, fugas entre líneas para encontrar la verdad, esa subterrena o alterna visibilidad conque juegan los poetas. El tono absoluto de la libertad está en ellos, que vocean su metafísico lenguaje para incorporarlo al ardid de la vida.






Pablo Delgado U.

*Serrat

28 de junio de 2013

COMENTARIO/ M/15/JULIO/2003/+ROBERTO








M/15/JULIO/2003/+ROBERTO   
                                          

Pablo Delgado U.

                                                   
Escribiendo con un pie en la tumba, Roberto pasaba celebrando la vida como pájaro raro. Con su apariencia enjuta y su abrigo negro se esfumó como el último de los malditos. Rebelde, pasado a tabaco y con algunas copas en el cuerpo irrumpió en los laberintos de lecturas y de su propio laberinto. Su cotidianidad con el cigarrillo se volvió humo y espuma antes de su muerte. Pasó por esta vida encontrando el amor y la bilis de sus mundos. Callejero, fue un espantapájaros para la perime de los escritores.

Bueno para las manzanas, rondó la pulpa y las pepas que lo llevaron por el mundo. México, París, España buscando un café con leche, sueños y pesadillas. Escribir. Escribir venas y arterias de vida. Cargado de ironía buscó la noche que buscan todos los novelistas entre el fracaso y el olvido.   En arrugados y mojados libros incursionó la manía sangrante de sus escritos que parcelaron su poética y le dieron rímel a sus cuentos y novelas. La sangría de sus páginas camina sola por la vera y lo tenaz de su talento es un escrutinio para quienes aún lo tienen entre ceja y ceja buceando sus crónicas y poemas.

Culto, en su cielo viajó buscando nocturno de Chile, a Morel en su invención. Fue un salvaje leyendo, acariciando libros, páginas, vertebras de lomos y tomos de otros Borges que en su ceguera concitó su mundo fogueado y certero en la orilla del malevo.  

Su bosque no sólo se construyó de araucarias y pinos insignes. Crujen también los álamos y los trucos sauces que lloran la derrota de la mejor forma posible. El éxtasis que lo quema lo vuelve a los desiertos de Sonora, a los detectives salvajes buscando el amuleto y aquella chica del saludo opaco.

Roberto, de vez en cuando vuelve a Blanes, incursiona en la pared verde de su librería encantada, se pasea  – según dicen también - de vez en cuando se ve su sombra por Quilpué, entre San Martín y Freire o Baquedano, entre callejas y muros de adobe que se incineran en recuerdos de infancia; entre viñedos y líneas del tren que cruzan trucando las lomas de sus primeras historias, en esa ciudad que se cae al mar tarde o temprano. Ahí la literatura ha dejado su gesta y lo deja lleno de lectores bajo su estrella distante. Con sus convicciones avanza sopesando el frío y su figura reproduce hechos que reflejan la verba de sus sueños a desparpajo. Pan dulce, una cajetilla, una agenda, un bolígrafo, papel para escribir. Abierto como en una cruz de Cristo Roberto, escribió como loco, escribió ironías en la costa brava, escribió para enviar fotocopias a las editoriales, escribió para obtener menciones y premios en las calles heladas envuelto en su saco de dormir, en el paseo para dormitar la tarde antes de encontrar su mito en los pueblos fantasmas cogido a pesadillas y demonios, allí escribe desde su tumba.

Lo que supo, fue escribir y observar para degustar una manzanilla con churros. Su literatura se sostiene de fuego y cruce de voces que trizan las cenizas y el hielo que tiene cualquier corazón helado. Su tumba está entre una novelita lumpen y sus llamadas telefónicas, o en cualquier esquina del oficio más miserable que para él, no fue nada de extraño.



Pablo Delgado U.









                                                                             




9 de octubre de 2011

COMENTARIO / Pablo Delgado U.


HACE ALGUN TIEMPO EN ESTE ESCRIBIR

Pablo Delgado U.



No es macabro ni improcedente decir que debe haber furor al escribir, y hacer camino sobre la mar; golpe a golpe se debe aguijonear el universo escondido, salpicar con sangre, dejar cenizas de lo que se quema y súbitamente quebrarse. Abrir una herida, sesgarla y hacer las puntadas como recuerdos de infancia. Escribir para terminar de escribir. Cruzar cual Homero haciendo su Odisea, crear y convertir todo en una primigenia que rompe los huesos o los hace chirriar a más no poder. En suma, emular la épica griega.

La escritura es verbo invertido y friccionado para bien de nuestra paranoia. Los fantasmas de la poética rondan, hacen junta de acreedores y nos entregan certificados que ciertamente no acreditan nada. Estamos haciendo hipos en un lenguaje balbuceado que bracea pesadillas como puede ser una película de Hitchcock.
El control es lo que acerca al arte y convierte el esperpento en lucidez. De allí surge la maestría con que los ávidos en la palabra surten las creaciones. No hay falacia que no haga disfrutar a quien escribe.
Organizar el delirio, el impulso encubierto que lleva a crear hitos paralelos que queman hasta excitar el corazón presionando nuestras arterias hasta que el texto se libera, se suelta, se hace liviano y en nuestra cabeza se alinean nuestras torpezas como lo suele hacer un meteorito con la luna.

Escribir da más leguas que un viaje en submarino, y los infiernos se convierten en Macondo, Comala, en una casa tomada en Buenos Aires o en Venus en el Pudridero. Neuronas que nos drenan la quietud que ronda después de un trago de ron, un cigarrillo o un café que nos deja musitando, pero locos e inclementes para soportar la inconformidad de la realidad que cruza por nosotros, siendo los que entrelazamos el vómito, las fustigaciones, las trémulas nociones para ser consecuentes en nuestra ceguera. Escribir es como la mujer que yo quiero, tiene muchos defectos, pero ella es más verdad que el pan y la tierra.
Entonces los vasos comunicantes e invisibles prodigan lo necesario y vital para orquestar el rigor de las palabras; juntas, separadas, desordenadas, atadas, sucias, limpias, manoseadas, torturadas para luego, en nuestra perversidad, tejer el texto que proviene de nuestras entrañas. Caótica suerte la de ellas que lúdicas desencadenan e iluminan lo más oscuro de nuestra terquedad y disciplina.

Lo justo es que se haga poética sin fenecer y que el equilibrio que hay caminando por la cuerda nos muestre el vacío donde la oquedad de las palabras sea el temblor que mueve la escritura. Verso a verso ahí se descubre que estamos inclementes, manoseamos los enveses que ciernen el texto para ser iluminado cuando no sabemos donde comienza la oscuridad.

Hablemos entonces, descifremos el rumor de las comas y los puntos o desbastemos el acervo hasta conmovernos con el oficio que prodigó las palabras para ser leídas.
Nada esta plenamente logrado si no tiene el sentido como lo tiene una fotografía. Las palabras se respetan hasta que el furor diga otra cosa y harto de estar harto ya me cansé.
Entre el cielo y el mar probablemente se me recordará.
Escribir debe ser verdad, aunque yo sea una mentira.


Pablo Delgado U.
Qui/ Octubre/2011

14 de septiembre de 2011

POESÍA / Pablo Delgado U.

"Valparaíso" , xilografía de Marco Antonio Sepúlveda.



Crean, nunca vi al gordo y al flaco
oscurecerse por las calles del Puerto.

No es posible que en una nube del tranvía
se esfumaran como si fuese de noche.

No estuvieron conmigo,
me rozaron apenas como fantasmas,
deletreando un tango con voz de Edmundo Rivero.

Como bailando se fueron
escondiéndose jugosos en los pasos del luche.

Si me permiten
nadie supo de ellos por Condell, Pudeto,
subida Ecuador o el Barrio Chino.

No estuve con ellos,
nos despistaron
en el cine de barrio, en la galucha del lunes,
sobre todo en la matinée se fueron.

Oscuros como Laurel &  Hardy.


Publicado en La Mancha número 17




Algo sobre los idiomas



Los pormenores y detalles están escuetamente en la salle,
a borde de página, como si fuese un manuscrito o diario de vida
donde penosamente se tuercen abismos que conducen al cielo.

Tachadas o desviadas a propósito sucumben en la porfía
sus otras palabras, las obscenas, las turbias,
las que no tienen más refugio del placer de escucharlas
o balarlas como bestia en su saliva.

Ah!,  de que en tu oído estaban en desuso
macerando mansamente,
y me dejabas unas u otras para el festín
su fuese una tarde de esta
a consolar el sol que bajaba de vez en cuando a mi cremallera.

Aquí,
mi rabia de no traducir
con tus otras palabras lo que ataba mis brazos
y bajía en soledad el grito,
mas el paisaje no ocultaba nada.

Ah,  malditos!  si supieran cuan ruin fui esa tarde,
bajé como imitando un venia
y abracé sus piernas.
Cual herido conduje mis palabras hacia sus palabras
que no fueron otro idioma
mas mi mano era otra palabra y mis dedos otra torcedura
que besó en rezo su plegaria.

De allí seré penitente.




17 de noviembre de 2010

COMENTARIO / Pablo Delgado U.




ME GUSTA VERLOS PINTARSE

Pablo Delgado U.


Cuando Jaime Collyer usó: abyectos, despreciables, narcisistas, entre otros epítetos, para describir a los escritores, no estaba lejos ni distante de lo que suele suceder en esa cofradía. Tampoco lo estaba Parra al poner muy cercana la palabra sospechosos. Al parecer la vanidad es algo menor en ellos; por cierto, hay vaguedades peores que los cruzan y crucifican descarnadamente, y en la historia literaria, muchos de ellos han dejado abiertas grandes pugnas sin resolver que en sus escuálidas vértebras enhebraron para que no salgan a flote.
¿A qué viene tanta baldía punitiva cuando aún falta tanto camino por recorrer?
“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

Me confunden los escritores como también me sucede con los historiadores, aunque por cierto, mi desconfianza está en los puntos de vistas, sobre todo en las fechas que otorgan a sus realezas. De hecho, los veo pugnar en contradicciones: pujan la aparentabilidad de lo incierto para acertar la parafernalia que sostiene su desidia.

Me veo mejor con los filósofos; hasta es posible decir que tienen otro tono de piel, otra mirada, que suele ser a veces trasparente. Incluso podría sacarme una foto con ellos. En cambio, y no por desprecio, los otros, los escritores bufan otro aire, parpadean lento y enturbian la mirada. Creo, y los he observado, caminan apretados, se sobajean demasiado unos a otros; pero no se confundan, que son artimañas, preceptos, consignas que esconden bajo su piel disfrazados para atacar y despresar a su presa.

Me cuentan cercanos que es mejor estar alerta, atento a cualquier cambio en el tono de voz, en sus afirmaciones genéricas que desatan reiteradamente al buscar la lubricación de su lengua. Que tenga cuidado - me dicen - cuando éstos se posan en sus sillas y desnivelan la mirada; sobre todo cuando cruzan sus brazos, porque la historia dice que “algo” viene. Nada inmaculado.

Buena señal es por cierto, cuando se mezan la barba o estiran el bigote. Eso tiene que ver con la calma de sus movimientos, no con la calma interior, y hasta una noche se podría encontrar uno de ellos pastando de lo calmado que son. Lo que no suena a siniestro, ya que muchos animalitos pasan su vida pastando. Buena parte de su extrañeza es su rumiar, y aquí es cuando debemos entender su embozo impreciso como solía decir Saramago, en algunos desplayos de su contertulia vida.

El permanente curar que acusan los escritores los hace desvelar en patrañas sus debilidades humanas. Mosilgas que se muestran unos a otros para compartir la ociosidad, el desgano y la envidia que sustentan sus verdaderas intenciones. El empacho de ellos por ser ególatras y omnipotentes mucho antes de ser consecuentes en dejar de lado esas bajas pasiones y musitar el devenir de su creatividad literaria para compartirla con sus congeneres y crear junto a sus musas lo que verdaderamente urge en la palabra.

Como ven, buenas migas no tengo con ellos. Lo he intentado más de una vez: he ido a seminarios, ferias, tertulias, recitales, pero todo ha sido en vano.
Lo cierto es que aún no he llorado, ni me he arrastrado por el suelo, tampoco me he arañado, ni he dejado de escribir, menos he dejado de fumar. Sólo hago deportes de vez en cuando apostado en mi bicicleta CIC modelo antiguo, otras veces salgo a caminar a orillas del mar. A veces le pregunto a las gaviotas si saben algo de Ulises, de Jemesía o Clutonia. Entonces vuelco mi mirada para encontrar el sosiego y sólo tengo una respuesta para ello: quiero escribir me digo, pero estoy muy lejos. Debo pernoctar con Cervantes, Melville, Borges, Cortázar, Toole, Bretón, Vaché, Jarry, Perec, Kafka, Lichtenberg, Wittgenstein, Casares, Petronio, Livio, Pascal, pero mi braceo es insuficiente y me ahogo antes, mucho antes de aprender a nadar y pienso nuevamente en los pesares que podrían estar esperándome.




Pablo Delgado U.
Quil/21/09/2010

26 de septiembre de 2010

NARRATIVA / Cuento de Pablo Delgado en La Nación.



EL RUMOR DE LOS PAJAROS
O EL FUSTO PLACER

Pablo Delgado Ulloa


El primer y único encuentro que tuvo doña Fresia Almodóvar con Ismael, ocurrió cuando visitaba junto a su familia la casa de los Ferreira. Ese día de veraneo furtivo sirvió para degustar la fervorosa chicha y masticar el pan consumado de los hornos de las lomas, que entonces eran de famosa culinaria en Tameral, lugar cercano a la capital donde se cultivaban todas las hortalizas necesarias y consumidas kilómetros a la redonda. La mañana del 6 de mayo de 1945, ella bajó del carro con su padre y su esposo, don Gilberto Massa de Gruts, terrateniente, quien no la dejaba ni a sol ni sombra y complacía en sus más encumbrados afanes. El receptor RCA Víctor codificaba casi inaudible la noticia despachada desde la ciudad de Berlín, Alemania. Fresia, de buena estatura, pródiga en belleza, de carnes apretadas, de generosos pechos y levantado trasero que bajo su vestido de grillé marcaba aun más sus esplendorosas curvas de apetecida hembra. Bajaban y subían con la sinuosidad de sus movimientos aquellas lomas encarnadas. Fue en ese momento cuando rozó la mirada de Ismael como una sentencia que ya se sabía consumada. Ismael, arriero de esas tierras y mozo de don Agustín Ferreira, consignaba su tiempo en trámites de notaría, recolector de frutos, además de sirviente de la casa mayor de esa familia.
Esa tarde, después del apetitoso almuerzo convenido y placentero, la degustación de licores de la zona y lo que posteriormente no olvidó Ismael, lo que nunca esperó que sucediera, doña Fresia dejó su hilado chal sobre el sitial del salón principal para salir a tomar la sombra de los parrones que bordeaban la inmensa casa señorial, sin que nadie, - ya que don Gilberto dormía afanosamente y su padre empecinado en otra sala jugaba al póquer con sus amigos - hiciera hincapié en seguir sus pasos.
Sólo Ismael bordeó su salida y condujo también su caminar en la misma dirección. Algo de su perfume quedaba en el aire como un hilillo, dejando pistas o señas por donde debía ir quien quisiera acosarla. El camino de hojas de parra y nogal rozaba sus pasos. Ismael ojeó a su alrededor sin que hubiera un rumor, o una vaguedad que entorpeciera su caminar y el de ella. Se toparon antes de ingresar a la bodega de la servidumbre, en donde se guardaba siempre el pasto para las bestias y uno que otro saco de maíz. Ismael contuvo la respiración para mirarla. Primero desde la nuca y luego hasta los tobillos envueltos en cuero de tupiere, donde se cruzaron sus ojos y los de ella. No fue necesario que se dijesen algo; ella arqueó su cuerpo hacia el de Ismael y rozó con sus dedos el endurecido miembro. Ismael sintió que algo más que su corazón saltaba en su cuerpo. No imaginó nada, todo estaba sucediendo. Cuando ella se aproximó más sosteniendo entre sus labios su lengua nervuda y la apresó entre sus dientes como si fuese un solo sexo, él ya había trozado entre sus dedos la piel lisa y suave de su espalda. Contoneó la caída en los nudillos de sus manos y palpó ese fragor que iba ascendiendo hacia él como un cigarro recién prendido. Así se condujo por un momento hasta que en reincidencia aumentó sus deseos de macho para recorrer con sus palmas la inmensa geografía de esas carnes puestas a devorar. Transpiraba Ismael tocando la piel de ella. Su miembro convulso se extendía y cogía con sus dedos el desnivel de su hermoso cuello; mordía afanoso su delicada presa, tropezaba cada vez levantando sus pechos que apremiaban su lengua como un fruto a devorar. Ella respondía cada uno de los movimientos insistiendo en los arqueos desatados que la hacían buscar afanosamente la prolongación del goce. Nada se dijeron, mejor dicho, se hicieron. Ella entregó ansiosa sus pezones al abanico que la lengua de Ismael le prodigaba. Él bajó lento, sin tropezar, hasta sus caderas y luego extendió su sopor a su ombligo, comulgó sus dedos para buscar su clítoris que fungía ya su natural humedad. Enhebró nudillos y comusiras para hartarse de sus paredes. Torció como un animal su cuello y hundió su cabeza en medio de los esplendorosos muslos de doña Fresia. Ella no sabía de aquella insistencia de carnes y tributos que no apaciguaban. Sólo se dejó envanecer en aquellas sensaciones. Entonces Ismael frunció de arriba a bajo y de costado a costado su traposa y extendida lengua que buscaba destrozar en más instancias el goce. Abrió aquel fruto carnoso e hizo suyo todo el territorio que aquella hembra disponía para él. Sólo faltaba el jadeo de sus cuerpos para abrirse el uno y penetrarse el otro.
Bramó doña Fresia cuando Ismael punzó una y otra vez su poderoso pedazo de carne abriendo sus paredes en ese goce infinito. Remeció el arqueo de su cuerpo haciendo suya esa boca paciendo el contorno de sus labios. Ella esgrimió el goce de aquella penetración que remecía su conciencia en el fusto placer. Duro el miembro, como estepas de raulí que vejaban su candorosa cavidad. Mordió ella cuanto encontraba entre el turbio trasluz de las paredes y el sudor licuado que fenecía en sus manos.
El gemido no despertó la tarde y el rumor de los pájaros era el de costumbre. Se sabían extasiados, al límite de lo que aquella gesta les prodigó.
Cuando ya se escuchaba en las afueras el halar de las ruedas, Ismael retuvo otra vez la noticia desde la RCA Víctor. “Eva y Hitler estaban muertos”.


*Para ver en la sección Cuentos Eróticos de la  Nación Domingo

15 de septiembre de 2010

COMENTARIO / Pablo Delgado U.

EL UNICORNIO PASTA EN LO AZUL



A Bernardo Astudillo,
quien no deja su isla y
no se cansa de invitarnos a ella.



De hecho, en mi mesa siempre ha habido un unicornio azul. En su longitud transparente lo he manejado a descaro y muchas veces, siendo displicente y descuidado con su vaguedad, hicimos amistad.
Aunque parezca extraño, ha permanecido merodeando los bordes y en alguna ocasión se ha precipitado al suelo desde lo alto en su nimio envoltorio, por no ser un Parker, un Cross o un Mont Blanc. Travieso, en mis manos a recorrido las páginas en blanco presionando la fibra del papel. Se ha escurrido su tinta de turbio a turba marginal en mis cuadernos, papeles desiertos y portadas de revistas donde mugía resbalando en sus fotografías. Este unicornio a contado los folios de mis mermadas historias. Ha cruzado con su polución servilletas descuidadas en un bar de Recoleta. Ha contribuido en metros lineales a mi impronta vaguedad poética para improvisar comas y signos de dramático esfuerzo.
Mi unicornio azul es ávido por ser reiterativo y falaz cuando describe el paisaje, embroma las irrupciones, y detiene el ritmo cuando las palabras sucumben ante los espacios en blanco que tropiezan su sosegado afán. Derrotar la terquedad ha sido su destino sin estar en manos de un malabarista. Mi pañuelo ha servido para tapujar la desidia de su extremo cuerno de añil y retroceder la ironía preconcebida en su ensortijado esfuerzo. Perdura azul en la traviedad de la escritura y sus dones pueden parecer acaso una obsesión.
Es más, mi unicornio azul, presume cuando la magia no me atribuye y cae desierta al pasto visible y seco del desierto. Él vuelve en su rumiar de humedad a contagiar un poco por verdad, un poco por amor. Allí entonces se vuelven a hiliadizar las palabras que resbalan hacia un bosquejo homérico.
Vuelto como sea de su herrumbre trajinar, desdibuja insidias y paranoias que de rumba en rumbo se ejecutan como danzas en mi cerebro. Persiste pastando donde no hubo diluvios ni erosiones que marginen cualquier información.

Tuso, este unicornio, y convulso, no sé si se me fue. Y en mi bloqueada memoria de crupier conjugo saber compartir su vocación. No hay falacia, ni primigenia emulación en su raciocinio cuando truca los dedos de mi mano y los hace desliz de elocuencia en el instante que abortan las concebidas palabras, las comas, los puntos, los acentos y las oraciones que suman en porfía el tosco ramaje que tapia la visión de mi ensortijado bosque. Va este unicornio pigmentando la fibra del tosco papel. Cruza como si fuese una piedra y como cayendo se vuelve un esmeril que de trazo en trazo borronea la imagen de la letra que suelta las palabras una tras una, gestadas en mi ahogo sabiendo que las flores que dejó no me han querido hablar. Allí entonces vuelca mis dedos, los tuerce y los sobrepone para que lentamente a un ritmo que ya conozco escriba: no sé si se me fue, no sé si se extravió.


Publicado en La Mancha 15 / UNO

23 de julio de 2010

ENTREVISTA / Conversando con Ariel Blumel Almendra



Entrevista de Revista La Mancha a Ariel Blümel Almendra. 


Profesor-poeta de Quilicura, parte del equipo manchado, en el marco de una serie de conversaciones destinadas a conformar un proyecto visual.




Pablo Delgado- Estamos aquí, en casa de Ariel Blümel, para conversar con él en forma distendida, tratar de hacer un diálogo entretenido para conocer algo más sobre su visión acerca de la creación literaria. 
A propósito de su poesía, profesor, yo la acerco bastante a Teillier y a Mistral. Por un lado la naturaleza, el bosque con sus espasmos de raíces y la fuerza conmovedora y religiosa. ¿Estoy acertado en ello?

Ariel Blümel– Estoy de acuerdo en su percepción. Mi poesía tiene sus raíces – por decirlo así – en nuestro sur, en la lluvia, en su entorno. Un poema mío va a hacer siempre referencia a los árboles, a la naturaleza, así como Neruda se refiere al mar. Yo soy un montañés. Mi padre tenía un fundo en el sur; yo me crié en medio del campo con los animalitos. Todo aquello forma mi bagaje de elementos con que visto mis ideas. Gabriela, como usted lo decía, poseía su lado místico, su lado cristiano religioso. Yo también soy un creyente consumado. Me pueden decir que esta mesa (ante nuestros ojos) existe, o que no existe, y así y todo, no sería tan extraño para mí como que me dijeran que Dios no existe.



HUMILDAD

Dicen que el Hombre ignorante de entonces,
con profundo recogimiento
se arrodillaba bajo la catedral de la araucaria
a escuchar la prédica de la lluvia.

El corazón del Hombre ignorante de entonces
se abría como una semilla.
Sobre las hojas de los grandes helechos
la lluvia rompía en sinfonías.

Salía el sol

Su oración,
con el vapor de la humedad
y el aroma de las flores,
subía al cielo como incienso.

Y así, el Hombre ignorante de entonces,
más que con pan y vino,
con humildad,
comulgaba con los cielos.




Pablo – En las temáticas de su poesía destaca también lo amoroso. ¿Usted lo toma como algo relevante como autor?

Ariel – absolutamente. Un ser humano sin compañero está trunco. Yo no puedo vivir sin una compañera. Toda mi vida ha sido como de soltero, en el sentido de no dejar de sentir el amor. Sin ir más lejos, un gran amor de mi vida falleció hace cosa de unos meses, y de esa pérdida no puedo decir que esté recuperado. Si nos preguntamos... ¿qué nos llena realmente? Tendríamos que decir que las relaciones de amor que mantenemos con el entorno.

Pablo – Así es profesor. Ahora cuénteme: en su labor como docente de distintos colegios, y desde hace un buen tiempo en la Escuela del Mañio, en Quilicura... ¿tiene usted ocasión de difundir lo poético entre sus alumnos? ¿Es interesante hacerlo?


Ariel – Por supuesto, siempre trato de involucrar e interesar a los alumnos en la creación literaria, específicamente, en la poesía. La labor de un creador, el talento, fuera de mostrarlo, hay que enseñarlo. Por ejemplo, yo uso los textos publicados en La Mancha para complementar algunas de mis clases.


Pablo – el primer texto que usted publicó en La Mancha fue el año 2006. En varios de ellos se trasluce esa cosa urbana que le comentaba de Teillier. ¿Cree – como él – que también hay “otras cosas” primordiales en la poesía?


Ariel – Sí. Está y debe estarlo, la crítica social. Le cuento: en mi generación las conversaciones y tertulias eran de política y ojalá que ello vuelva. Para nosotros, era inconcebible que se tolerara la desigualdad que existía, y por eso fue que se fueron dando tantos movimientos inconformistas. Pienso, que a pesar de los cambios, eso va a volver. Nuestra sociedad es muy crítica
.
Pablo – De una manera distinta... ¿en qué ha cambiado “su”, o “la” poesía actual?


Ariel – Acá se dejaron atrás los temas ideales de un cambio social. Todo se hizo más pragmático. Se busca apoyo en la tecnología y en la innovación que esta reporta. Tal vez, los jóvenes buscan las mismas cosas pero de forma más pragmática.


Pablo – hay un poema suyo, PRECARIEDAD, en el cual expresa que el acercamiento hacia el ser humano común y corriente sigue siendo muy precario.


Ariel - De todas formas. Nada más que mirar los países en vías de desarrollo. Es intolerable salir seis a siete de la mañana a una jornada de trabajo que excede en mucho lo necesario para conseguir mantener una vida de familia. Dicen que hay hogares... No hay hogares. No hay familia. Los jóvenes andan cada cual por su lado. Su precariedad es tal que si tienen problemas de salud o dinero, cada cual se va por su lado.


Pablo – visto así, podríamos pensar que la familia es un ente de mercado. La poesía no deja
de ver esta realidad, se comulga con los hechos y ratifica. Por ejemplo, Juan Gelman, poeta argentino dice mucho sobre eso.
 Ariel, sabemos que en la comuna de Quilicura – aún muy sin estridencias - se hace literatura. Se sabe que rondan por allí poetas, cuentistas, creadores y Usted... ¿qué visión tiene?


Ariel – a mí me sorprende el constatar el hecho. A veces me entregan un folleto, o una invitación a lectura, personas anónimas que, a pesar de ello están en creación constante. Nosotros, en Chile, tenemos las dos cosas: el creador y el receptor. Aquí, en nuestra comuna tenemos una creación constante, rica, que a través de nuestra revista obtiene la ventana necesaria para mostrarse y perseverar. Lo engorroso viene después, a la hora de
editar nuestras letras el valor es muy alto. Existe mucha burocracia para hacerlo. Me sorprende ya que con la tecnología que existe debiera ser de otra manera.


Pablo – Acá en la comuna hay varios creadores que han ganado premios, como el Bolaño, el de Revista Paula y Santiago en 100 Palabras. Revista Ancla, en su edición dedicada al erotismo, al seleccionar a autores, escogió a cuatro creadores también de Quilicura. ¿Piensa usted que faltaría más difusión para mostrar a nuestros autores?


Ariel- Sí, evidentemente, falta más difusión. Nosotros, como grupo, lo estamos haciendo y también editando, lo que es un aliciente para los proyectos de cada cual.


Pablo- A propósito de esto, sé que usted tiene su primer libro armado para ser editado pronto; creo a partir del próximo año, en unos meses más. ¿Qué me puede decir sobre ese proyecto?


Ariel - Bueno está en carpeta. Tengo una selección de un trabajo poético que quiero convertirlo en libro. Pienso que para este verano ya será un producto y la realización de un sueño. Es mucho más que ver los textos impresos, será la culminación de un trabajo de años. De sentir sensaciones distintas de las cuales uno se empapa cuando crea y escribe un poema. Será la fusión de todo esto.


Pablo- Me alegro al escuchar lo que dice sobre su aspiración de edición. La literatura se alimenta de lectores, Desde ya, quiero estar allí cuando suceda y acompañarlo en su presentación, en su discurso literario, ser parte de ese hecho. Sé que para usted no es fácil llevar la poesía, en síntesis como concluye la idea.


Ariel - Yo quiero retomar las palabras anteriores en el sentido que la creación literaria es como un apostolado. Algo esencial. No puede el ser humano cerrarse al arte. El arte está en todas partes, no se encierra en un museo ni en las galerías, No sólo es Picasso ni Rafael. No es así. Está en el día a día de toda persona. Sólo hay que saber apreciarlo. Salir en las mañanas a trabajar, enchular el día tiene mucho que ver con esto. El arte esta donde uno quiere que este.



 Pablo Delgado U.
Publicado en La Mancha 15/UNO

23 de febrero de 2010

COMENTARIO / Pablo Delgado U.

REVISTA LA MANCHA EDICIÓN 15/UNO




Desde sus inicios, Revista La Mancha ha buscado surcos para dirigir el quehacer de creadores literarios y con eso también, aventurarse en nuevas visiones y soportes para mostrar su trabajo. Hoy podemos hablar de ello con la propiedad y experiencia del camino que juntos hemos recorrido. En varios momentos la conversación planteaba hacer algo distinto a lo hecho, mejorar lo bueno y hacerlo mejor, evitar los posibles errores y sostener los acuerdos. Tampoco queremos decir que el formato conque presentamos hoy nuestra revista sea necesariamente algo para sostener en el tiempo. Muchos factores inciden en que así sea: desde el razonamiento humano y filosófico de quienes forman el grupo de trabajo hasta la medula del financiamiento.


Ahora nos mostramos con una factura distinta, porque nosotros merecemos que así sea; merecemos que nuestros escritos estén en papel de alta blancura 75 gramos, que se utilice una variación de tipografías para mostrar los títulos y que en baja sea el texto que muestra nuestras pasiones. Que el tamaño sea otro para validar nuestra vanidad de incipiente o maestro del poema, la crónica o el cuento que prodigamos. Que la portada sea austera, sencilla, pero generosa para mostrarnos. Es así como hoy estamos ante ustedes, tatuados para que nos reconozcan en esta virtud, al menos es lo que siento, y con esa musa me acompañan en este número: María Bernal / Juan Cameron / Patricia Franco / Ariel Blümel / Jorge J. Flores Durán / Zara Bahdí / Renzo Rosso / Elisa Alcántar / Cristhian Téllez / Gloria Lepilaf / Leonor Dinamarca / Lilian Ruth Uribe / Ana Montrosis / Claudia Islame / Rosa Palma López / Elías Misner / Gildardo Gutiérrez Isaza / Federico Zurita / Julio Díaz / José Eduardo Chávez / Rodrigo Suárez / Mauricio Uribe / Paloma Luz Echeverría / Bernardo Astudillo / Elizabeth Cárdenas / Amanda Espejo.
Por supuesto que nos volveremos a encontrar.



Pablo Delgado U.
Editor de Revista La Mancha

20 de febrero de 2010

EL LIBRERO de Pablo Delgado U.

Antes de que se diluya nuestra agradable impresión sobre la última Feria Del Libro Usado, y a propósito de los últimos avances tecnológicos en cuanto a libros virtuales que son, hay que reconocerlo, cada vez más silmilares al formato de "libro", vamos a rescatar y reafirmar el encanto sin comparaciones del libro "verdadero", con tapas de cartón, con páginas de papel de distintos tonos y texturas, con olor a papel y a tinta ,en ocasiones, recién impresa. El placer de abrir un libro y recorrer sus páginas a medida de nuestro capricho, en el tiempo y lugar que lo deseemos y, sobre todo el hecho de atesorar en nuestro librero el objeto y su contenido, no tiene parangón con ningún símil facilista que nos pueda ofrecer la red y sus valiosos (lo admitimos) avances en cuanto a información y difusión de un cuanto hay.
En vista de lo hablado, compartimos con ustedes, desde el librero de Pablo Delgado, una de las ediciones antiguas de PURGATORIO, del connotado poeta nacional Raúl Zurita.





PURGATORIO, de Raúl Zurita
Editorial Universitaria 1987, colección Fuera de Serie
(primera edición en 1979)
Cubierta: óleo de Roberto Matta

Sobre el texto y autor en sí, he aquí un comentario de la época:


"Se trata, pues, de una aventura geométrica más allá de Euclides, de una aventura metafísica más allá de Aristóteles, de un viaje al otro mundo más allá del Dante: juego y confusión de todos los planos de realidad, tiempo y espacio, dentro y fuera, cosa e imagen, yo y no yo: el desierto es un microcosmos, la cifra de un mundo que consiste en sus infinitas posibilidades, por obra de una exaltada fantasía que, sin embargo, lleva en sí un extraño rigor lógico. En el orden del lenguaje, esta empresa consiste en forjar un idioma poético impersonal, sin sujeto, sin yo lírico, que habla en el código de los teoremas físico-matemáticos, en la forma de los enunciados lógicos más neutros y objetivos: pero esa impersonalidad no es sino la clave superior de un lirismo acendrado y de una fantasía delirante. Locura, dirá el lector superficial. Sí, locura poética de alto valor expresivo y de intensa carga humana".

(Ignacio Valente, 16 de diciembre de 1979)


Aporte de: letras.s5.com



...Y, obviamente, algo del libro, páginas 33 y 34:


EL DESIERTO DE ATACAMA IV


I. El Desierto de Atacama son puros pastizales


II. Miren a esas ovejas correr sobre los pastizales del desierto

III. Miren a sus mismos sueños balar allá sobre esas pampas infinitas

IV. Y si no se escucha a las ovejas balar en el Desierto de Atacama nosotros somos entonces los pastizales de Chile para que en todo el espacio en todo el mundo en toda la patria se escuche ahora el balar de nuestras propias almas sobre esos desolados desiertos miserables

EL DESIERTO DE ATACAMA V


Di tú del silbar de Atacama
el viento borra como nieve
el color de esa llanura


I. El Desierto de Atacama sobrevoló infinidades de desiertos para estar allí

II. Como el viento siéntanlo silbando pasar entre el follaje de los árboles

III. Mirénlo transparentarse allá lejos y sólo acompañado por el viento

IV. Pero cuidado: porque si al final el Desierto de Atacama no estuviese donde debiera estar el mundo entero comenzaría a silbar entre el follaje de los árboles y nosotros nos veríamos entonces en el mismísimo nunca transparentes silbantes en el viento tragándonos el color de esta pampa.

15 de enero de 2010

NOTICIANDO / En la Nación Domingo

Siempre atentos del avance de las letras en Quilicura, esta vez les dejamos el enlace para leer UNA PLAYA SOLITARIA, cuento de Luis Mardones M. , publicado en la sección Cuentos Eróticos del diario LA NACIÓN.
Ya lo saben: a disfrutar y dar su opinión en el sitio del diario o aquí mismo. Siempre son bienvenidos!





El autor es parte del taller Literario de Rayentrú, donde grabó un CD de poemas inéditos. Luego fue parte del taller de Enrique Lafourcade, adoptando el seudónimo de Elías Misner, en homenaje a Mistral y Neruda. Participó en el Cuenta-Cuentos de la comuna de Quilicura, compuso el himno comunal y participó en el concurso literario auspiciado por Canberra, Australia, en donde obtuvo una mención honrosa.


http://www.lanacion.cl/noticias/site/artic/20091219/pags/20091219201734.

27 de diciembre de 2009

COMENTARIO / Pablo Delgado U.

PASCUA FELIZ PARA TODOS


S
é que algo está sucediendo
y el facilismo conque concertamos un encuentro en el mall no nos deja ver el bosque descriptado que está por nacer. La premura conque desenvainamos unos pocos o muchos dólares suple la verdadera razón por la cual se desmiga entre nosotros, los despistados, los descristianos o los mitómanos, esa razón fundamental, del por qué debemos reconocer Navidad. Por cierto, somos unos verdaderos cubos que nos daremos cuenta tarde de cuan tamaña equivocación.
La gran campaña suena a otra cosa, el mundo retuerce el consumismo hasta el extremo de retorcer los bolsillos para tal hazaña de proliferar utilidades en una economía de mercado que nos esta matando y matando por sanos de alguna enfermedad.
Debe haber algún sitio de nuestra mente o de nuestro corazón que diga “bien sabemos que la vida nunca funciona así” Al menos Julieta lo dice.
Y de ser cierto, debemos confabularnos para que esto cambie, para que de una vez por todas nos espere Jesús al lado del árbol y nos abrace y nos diga que aún no está todo perdido, que tendremos bosques, ríos, montañas; que la luna será menguante y que el sol se tapará con las nubes y no por el consumo de petróleo.
Creo por cierto, que sueño y sueño un sueño desesperado ya que de tanto soñar estoy a punto de irme también cortado.
Ustedes comprenderán el por qué hoy todo se compra o se vende. La oferta y la demanda hace de las suyas y se inmiscuye desvergonzadamente en lo más íntimo de nosotros; nos da orden de usar tal o cual pantalón, de comer esos u otros tallarines, de tomar ese u otro micro, de visitar esa y no otra sala de cine, pero lo más descarado es dejar a un señor gordo y vestido de rojo, al parecer simpático, que desenfunde un saco de porquerías en medio de nuestro living y que nunca pregunte dónde está Jesús, o sea, además patudo. Al menos debe saber quien está de cumpleaños.


Navidad, 25/12/009
Quil/ Pablo Delgado U.

24 de octubre de 2009

COMENTARIO / Pablo Delgado U.

LOS POETAS MALDITOS O UNA LECCIÓN PARA EL POETA

Pablo Delgado U.


Traté a menudo de encontrar a esos poetas malditos. Fojeados, tartamudos muletitos y hasta estrafalarios en su fabur. Viajeros del devenir, a decir de ellos mismos. Corsarios antes de que la marea los dejara en su puerto. De sandalias con suelas de crepe por esta geografía. Ninguno era inédito en ese entonces. De tomo y lomos empastados en papel grillé.

Me empeciné masturbamente sin conseguir mi objetivo perverso. Quemé mis papeles y enterré mis libros en el patio pensando que con esa fuerza de voluntad aparecería uno de estos malditos para acompañarme una temporada en el infierno, pero me fue negada tanta primigenia que sólo en ese entonces, me daba señales esquivas e inciertas sobre qué camino tomar para mitigar la huella. Después de un tiempo, sólo tubérculos se esparcieron en el desenfundado espacio.

Mandrágoras y especímenes aparecieron por esos días y se esfumaron uno tras uno sobre las lomas.




No estuve errado al comprar ciertas flores del mal para el camino y esperar tal aparición de alguno de los malditos. Escasos eran mis términos protocolares a la hora del afán. Mascullé el recuerdo de un blues, una oración por Marilyn y una ajada fotografía de un tal Teillier para el camino. Como buscando una guarida de un animal que no existe, proseguí mi andar por esos viñedos. Ustedes comprenderán que el trajinar produce sed.

Poemas del otro acunaba en mi cerebro, muletillas para no desvariar mi actitud hacia ellos. Ahíta era mi actitud que plagia hacia otros lares. En mi podredumbre marginé espacios para ese encuentro; estuve en otro limbo y no era el que posteaba mi ansiedad. Burlonas a más no poder, mis imágenes eran una venus en el pudridero. Acaso estos malditos ya pacían sus intenciones por el varadero de mi nostalgia. Se cruzaban en mis sueños como domos y señores emulando una desidia que tal vez corrompiera los sonetos de la muerte. No hay más que esto - me dije -, y me contradije a mí mismo.

No bastaba que como un peregrino buceará en mis imprecisiones, que ávido de aquellos y que páginas por páginas aun estando lejos, no fuera esta mi residencia en la tierra; mejor dicho expugnaba mis malos hábitos como perro de circo, parapetado en mis patas, blasfemando el augurio de estos malditos que maceraban en su distancia paisajes corrompidos donde me sacudía a descaro.

Antes, mucho antes que ladrar mi poema o mi antipoema.


Pablo Delgado U.
Quil/20/07/009


Publicado en La Mancha número catorce.

28 de mayo de 2009

NOTICIANDO / GUSANO DE TIERRA en diario DATOS SUR / por Ana Montrosis.

Fragmentos del libro GUSANO TIERRA
de Pablo Delgado U.

Diario DATOS SUR /Escribe Ana Montrosis






Pablo Delgado, es un poeta no antologado en la historia de la poesía chilena y lejos de ser un poeta maldito, ni siquiera seguidor de Parra, nos frunce su ceño para presentar Gusano de Tierra, texto que merodea embates de pocas páginas, que como autor considera su nacer en el ámbito de la escritura. Su trajinar lo hace partícipe de algunos premios y otras menciones a nivel regional. Creador, parte del grupo La Mancha, edita y escribe periódicamente su editorial.
Nacido en Viña del Mar, inicia su gesta hacia la poesía editando textos, plaqués, y cuadernillos para otros autores. Hoy, consagra en esta edición su ya tan hematomatizado discurso poético convertido en este libro.


Yo, pobre gusano de tierra.
a menudo
y sin reconocer las hojas
espero
que la gracia sea sobre nosotros,
que somos tan solos cada mañana.

Que infundimos el temor a tu raíz
de tanto
quedarnos en ella.

Al fin, rehaciendo tú historia de húmeda
perseverancia. Me detengo, doy vuelta la tierra
casi con la certeza de que la luz me atraviesa los
ojos. Y sigo allí, plantado como tú, creciendo
apestado a musgo, contemplando la espesura
que ha dejado tu polen.

Que al rigor de esa posición
y temblando los tallos
surges como otras cosas que disueltas caen
y se recogen.

Cuando he concebido entre nosotros
decretos de afán, para unirnos
en nuestro breve espacio.

Ya consagrado a esta faena. Donde se abren los
témpanos y lejos de las luces, me fui en vértigo
con la roca.
Allí, centrando el paisaje, ensordecí mis ojos
reptando el costado de la piedra.

Crezco con la certeza de tu olor hacia las galerías
fecundadas. Me detengo en la dureza de la
piedra, recorro tus tallos; esa longitud de temblor
y frío buscando la bruma del jardín entre tus
pétalos.

Por los brotes
y trozándola quebrada,
sin que nada fuese playa
o bruma bajo donde tender la baba.

Posados y babeando
el anillo húmedo del roce.
volteamos la sombra
en clave dejada por el árbol.

Ahí estaré
nuevamente con mis visiones,
amortiguada luz que retrocede.
Que trepa
que ocupa lugar frente a mis ojos
violetas de tanto pasado
de pálidos escombros.

Serpenteo como el gusano, el cual por
resignación, por simple hecho impostergable
acude hoy por hoy al lugar donde te he conocido.

Ceñido a la sombra de los tallos
y secos ya como paja,
olfateo la fruta.

El hueco de las pepas busco,
el vacío puro de tu pulpa
donde aguardar mi lengua.


(Fragmento del libro GUSANO DE TIERRA, Quilicura ,2008).
Por Ana Montrosis

20 de mayo de 2009

EL LIBRERO / de Pablo Delgado U.

COLECCIÓN PRIVADA PRIMERAS EDICIONES ( P. D.)


ADOLFO COUVE, A SU VERBA


PABLO DELGADO U.




Por cosa del destino, mi acercamiento a la obra de Adolfo Couve fue en una sala de arte. Mi peregrinar por esos años en busca de un mejor pasar, los atribuí a una zozobra perenne he inquieta para el sosiego de mi incipiente creatividad. Martes, Santiago de Chile, cuatro de la tarde Galería Época. Texto editado sobre la mesa El Tren de Cuerda. Libro menudo, simple, crudo en su impresión y en su empaste. Tapa en blanco, tipografiada en letras negras. Pura simplicidad para la edición de este interesante autor. Ediciones de la Galería Época, 1976. Ciento treinta y una página.
Es posible que El Tren de Cuerda, El Parque o El Picadero u otros textos me estuviesen esperando como en una caja de Pandora, para saber que allí, también había pinceles, pastas y devaneos de tonos para descubrir que en la verba de este autor y artista estaba el libro, más que eso, el objeto de su discurso como arte. La prolongación de su pintura hecha una prosa depurada.
Adolfo Couve (Valparaíso 1940 – 1998.) En sus textos de inicio este autor ya enhebraba el hilo de su inesperado final. El sosiego mestizo de su palabra era y fue un descubrir el gesto y deshacer en la palabra, más que aquello, su pintura para crear la novela.
Alejado del ruido, solitario, marginal y además excéntrico, quien inicialmente fue un pintor notado, estudioso y teórico del arte, pasó su afluente devenir hasta extenuarse de los pinceles y tomar como dicción la escritura, forcejear estéticamente sus escritos como forma. Su insatisfacción le permitió crear su obra a partir de una o varias convicciones enfermizas, para recrear la realidad de sus personajes; que fluyen en un sentido pictórico, y tal vez, desconocidos para él, pero consecuentes en dar sus tonos.
Bien sabemos del traslado de imágenes que como en La lección de pintura, son una gestualidad donde el narrador en vanas intenciones, manifiesta su haber y afectiva afectividad.
El tratamiento cinematográfico está en Couve, se percibe en sus escenas invertidas por sus personajes que velan su prontuario en el anacrónico dialogo donde intervienen el presunto manifiesto de su paisaje, que bien podrían estar en una fotografía de esas de playa, y además de cajón. Objetivo que Couve logra en maestría de creador; dotado de lo que pocos escritores sostienen en sus obras. Este artista a demostrado su perfección al ser perfectivo y realista con su génesis. A depurado su literatura hasta la conformidad de lo inconforme y ser capaz de destruirla para que en toda complejidad realista sea una realidad.
Se debe entonces, intervenir en sus relatos para alucinarse de esa construcción metística y poética de su prosa estilística que converge en dejar pliegues como en sus telas de naturalezas muertas. Allí hay signos para entender que se está a boca de jarro de un gran creador.
“Aún recuerdo cómo mi padre trazó el picadero. Clavaron con gran ceremonia una poderosa estaca, y haciendo girar una yunta de bueyes describieron en el suelo una circunferencia perfecta.”
He aquí un comprimido texto que entrega el suceso inicial de El picadero, manejo de medios para hacer un síntoma real de un hecho y preservar un recuerdo mínimo, pero elocuente para permanecer en el tiempo.

30 de marzo de 2009

COMENTARIO / Pablo Delgado U.




UN DÍA DE ESTOS


Un día de estos, frase utilizada por Gabriel García Márquez en uno de sus tantos cuentos hace muchos años. Hoy me parece adecuada para iniciar algo que involucra crear desde un lugar que no es macondo ni macondito, pero sí Quilicura. Esto de bucear con escuálidas gualetas y con un mermo tubo de oxigeno bajo el agua donde pocos alcanzamos a respirar, pero vemos, algo vemos.
Los escritores, poetas creadores que rasguñan como roedores su quehacer y que prolíficamente escriben en esta comuna, que merodean por sus calles, que embuten su discurso en mañas publicaciones, que reciben regionales y nacionales premios en concursos literarios, que son editados por editoriales macundas, que aparecen en revistas o publicitados en blogs de tamaña cuerda.
Allí están ellos desde 1917, año que se reunieron los primeros, según fecha aparecida por ahí en sendo párrafo histórico de un histórico historiador. Hoy existen otros que se reúnen como el joven Agustín Hidalgo, premiado en el concurso Bolaño por su texto poético El Angelita. En cuento por revista Paula, Federico Zurita, quien tiene un trabajo maduro en la literatura joven. Las creadoras Daniela Abarzúa, ganadora del primer concurso de poesía joven revista La Mancha y Francisca Briceño quien tiene a su haber el premio Caminos del Merco Sur.También el joven creador José Chávez, quien a mostrado sus textos en revista La Mancha y en su propio blog. Más adelante por un hecho de generación, están Cristian Lobos y Rodrigo Kuhrt jóvenes autores aparecidos en Fragmentos Para Otros Textos.
Otro caso Elizabeth Cárdenas integrante de revista El Puñal con mención recibida en el certamen 100 Palabras, y seleccionada para la edición de Ancla número dos. Un escritor cercano Bernardo Astudillo presentando su libro de cuentos La Isla de Los Muertos. También el novelista premiado más de una vez, autor de la novela laberíntica, desbordante, alucinante, vanguardista, Ritual de Piernas de Seda: Mauricio Uribe.
Se destaca además en este ideario de autores Nancy Ramírez Arancibia, también seleccionada para Ancla número dos.
Agustín Rozas, autor residente y entusiasta gestor que ha sido incluido en varias ediciones literarias este último tiempo.
Un hecho interesante es el trabajo editorial y de edición que realizan el grupo de revista La Mancha, gestores de muchos eventos literarios que involucran a la comuna y a sus autores. Destacado trabajo realizado por la galardonada escritora Amanda Espejo; el pronto a publicar su primer libro Ariel Blumel. La inquieta autora de poesía Zara Bahdí, además de Paloma Luz Echeverría y Filadelfia Moreno.
Así como los Buendía triunfan en el espejismo del realismo, también estos autores triunfan en un espejismo verbal y poético como ha sido y seguirá siendo su trabajo. Un día de estos nos seguirá diciendo don Gabo.





Pablo Delgado U.
Editor revista La Mancha.
Qui/13/02/009
Email: dodogadel@yahoo.com

23 de diciembre de 2008

POESÍA / Pablo Delgado U.


Yo, pobre gusano de tierra.
A menudo
y sin reconocer las hojas
espero
que la gracia sea sobre nosotros
que somos tan solos esta mañana.

Que infundimos el temor a tu raíz
de tanto quedarnos en ella.




Texto premiado en el Concurso de poesía ORNO / 2008, y parte del libro
GUSANO DE TIERRA
, del autor Pablo Delgado U., recientemente editado.

Para su adquisición, contactarse al E-mail : dodogadel@yahoo.com
o también a : espejolamancha@gmail.com