24 de octubre de 2009

COMENTARIO / Pablo Delgado U.

LOS POETAS MALDITOS O UNA LECCIÓN PARA EL POETA

Pablo Delgado U.


Traté a menudo de encontrar a esos poetas malditos. Fojeados, tartamudos muletitos y hasta estrafalarios en su fabur. Viajeros del devenir, a decir de ellos mismos. Corsarios antes de que la marea los dejara en su puerto. De sandalias con suelas de crepe por esta geografía. Ninguno era inédito en ese entonces. De tomo y lomos empastados en papel grillé.

Me empeciné masturbamente sin conseguir mi objetivo perverso. Quemé mis papeles y enterré mis libros en el patio pensando que con esa fuerza de voluntad aparecería uno de estos malditos para acompañarme una temporada en el infierno, pero me fue negada tanta primigenia que sólo en ese entonces, me daba señales esquivas e inciertas sobre qué camino tomar para mitigar la huella. Después de un tiempo, sólo tubérculos se esparcieron en el desenfundado espacio.

Mandrágoras y especímenes aparecieron por esos días y se esfumaron uno tras uno sobre las lomas.




No estuve errado al comprar ciertas flores del mal para el camino y esperar tal aparición de alguno de los malditos. Escasos eran mis términos protocolares a la hora del afán. Mascullé el recuerdo de un blues, una oración por Marilyn y una ajada fotografía de un tal Teillier para el camino. Como buscando una guarida de un animal que no existe, proseguí mi andar por esos viñedos. Ustedes comprenderán que el trajinar produce sed.

Poemas del otro acunaba en mi cerebro, muletillas para no desvariar mi actitud hacia ellos. Ahíta era mi actitud que plagia hacia otros lares. En mi podredumbre marginé espacios para ese encuentro; estuve en otro limbo y no era el que posteaba mi ansiedad. Burlonas a más no poder, mis imágenes eran una venus en el pudridero. Acaso estos malditos ya pacían sus intenciones por el varadero de mi nostalgia. Se cruzaban en mis sueños como domos y señores emulando una desidia que tal vez corrompiera los sonetos de la muerte. No hay más que esto - me dije -, y me contradije a mí mismo.

No bastaba que como un peregrino buceará en mis imprecisiones, que ávido de aquellos y que páginas por páginas aun estando lejos, no fuera esta mi residencia en la tierra; mejor dicho expugnaba mis malos hábitos como perro de circo, parapetado en mis patas, blasfemando el augurio de estos malditos que maceraban en su distancia paisajes corrompidos donde me sacudía a descaro.

Antes, mucho antes que ladrar mi poema o mi antipoema.


Pablo Delgado U.
Quil/20/07/009


Publicado en La Mancha número catorce.

1 comentario:

elisa...lichazul dijo...

baudelaire sin duda "la" vez que lo leí me impactó, y aunque haya sido esa vez, sin duda me abrió la puerta de mi subterraneo y me hizo recorrer mi lado oscuro lunar.

Un abracito pablo, y felicitaciones, me gustó lo que publicaste, uno siempre ha de aprender y aprehender de otros así como otros de nosotros comeran:=)

besitos de luz
besitos pa'todos:=)