9 de octubre de 2011

COMENTARIO / Pablo Delgado U.


HACE ALGUN TIEMPO EN ESTE ESCRIBIR

Pablo Delgado U.



No es macabro ni improcedente decir que debe haber furor al escribir, y hacer camino sobre la mar; golpe a golpe se debe aguijonear el universo escondido, salpicar con sangre, dejar cenizas de lo que se quema y súbitamente quebrarse. Abrir una herida, sesgarla y hacer las puntadas como recuerdos de infancia. Escribir para terminar de escribir. Cruzar cual Homero haciendo su Odisea, crear y convertir todo en una primigenia que rompe los huesos o los hace chirriar a más no poder. En suma, emular la épica griega.

La escritura es verbo invertido y friccionado para bien de nuestra paranoia. Los fantasmas de la poética rondan, hacen junta de acreedores y nos entregan certificados que ciertamente no acreditan nada. Estamos haciendo hipos en un lenguaje balbuceado que bracea pesadillas como puede ser una película de Hitchcock.
El control es lo que acerca al arte y convierte el esperpento en lucidez. De allí surge la maestría con que los ávidos en la palabra surten las creaciones. No hay falacia que no haga disfrutar a quien escribe.
Organizar el delirio, el impulso encubierto que lleva a crear hitos paralelos que queman hasta excitar el corazón presionando nuestras arterias hasta que el texto se libera, se suelta, se hace liviano y en nuestra cabeza se alinean nuestras torpezas como lo suele hacer un meteorito con la luna.

Escribir da más leguas que un viaje en submarino, y los infiernos se convierten en Macondo, Comala, en una casa tomada en Buenos Aires o en Venus en el Pudridero. Neuronas que nos drenan la quietud que ronda después de un trago de ron, un cigarrillo o un café que nos deja musitando, pero locos e inclementes para soportar la inconformidad de la realidad que cruza por nosotros, siendo los que entrelazamos el vómito, las fustigaciones, las trémulas nociones para ser consecuentes en nuestra ceguera. Escribir es como la mujer que yo quiero, tiene muchos defectos, pero ella es más verdad que el pan y la tierra.
Entonces los vasos comunicantes e invisibles prodigan lo necesario y vital para orquestar el rigor de las palabras; juntas, separadas, desordenadas, atadas, sucias, limpias, manoseadas, torturadas para luego, en nuestra perversidad, tejer el texto que proviene de nuestras entrañas. Caótica suerte la de ellas que lúdicas desencadenan e iluminan lo más oscuro de nuestra terquedad y disciplina.

Lo justo es que se haga poética sin fenecer y que el equilibrio que hay caminando por la cuerda nos muestre el vacío donde la oquedad de las palabras sea el temblor que mueve la escritura. Verso a verso ahí se descubre que estamos inclementes, manoseamos los enveses que ciernen el texto para ser iluminado cuando no sabemos donde comienza la oscuridad.

Hablemos entonces, descifremos el rumor de las comas y los puntos o desbastemos el acervo hasta conmovernos con el oficio que prodigó las palabras para ser leídas.
Nada esta plenamente logrado si no tiene el sentido como lo tiene una fotografía. Las palabras se respetan hasta que el furor diga otra cosa y harto de estar harto ya me cansé.
Entre el cielo y el mar probablemente se me recordará.
Escribir debe ser verdad, aunque yo sea una mentira.


Pablo Delgado U.
Qui/ Octubre/2011

5 comentarios:

Anónimo dijo...

"Para poder escribir yo necesito el vuelo de la lluvia sobre los helechos..., y el goteo de la lluvia a través del techo de mi pobre casa de madera: esa gotera sobre los tarros de latón era el único piano de mi infancia".Pablo Neruda.
Un aplauso de pié para este otro Pablo Manchado.
Mario Cáceres.

DENNI ZÚ dijo...

genial muy reflexivo me encanto.

Morgana dijo...

He ingresado varias veces a releer y a repensar tu perspectiva frente a la escritura y “aquello” que nos impulsa a escribir, balbucear, regurgitar palabras en el papel, a intentar sacarlas de nuestra mente una y otra vez, a darles forma o a deformarlas para otros yoes que habitan en nosotros, no sólo en esos otros ojos que les decodificarán.

He ingresado varias veces el día de hoy, para que la sentencia que magistralmente nos condena con su veracidad en la última línea:



“Escribir debe ser verdad aunque yo sea una mentira” me golpee cada vez con mayor lucidez entre tantos grises cotidianos que nos van distanciando de este tipo de ejercicios reflexivos tan necesarios para atrevernos a continuar mintiéndonos o re/construyéndonos a través de las palabras.



Pablo, cuando leí tu comentario “Hace algún tiempo en este escribir” y la última línea/sentencia “Escribir debe ser verdad aunque yo sea una mentira” pensé inmediatamente en la nivola de Miguel de Unamuno, en la angustia de la lucidez de Augusto al saberse “soñado”/creado; también en el texto “Mi religión” de este mismo autor, cuando señala:



“Y bien, se me dirá, "¿Cuál es tu religión?" Y yo responderé: mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva; mi religión es luchar incesante e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del Inconocible - o Incognoscible, como escriben los pedantes - ni con aquello otro de "de aquí no pasarás". Rechazo el eterno ignorabimus. Y en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible”



Es muy probable que los ecos que mi mente construyó y asoció a través de tu cuestionamiento frente al rol/es del escritor/a, frente a la posibilidad e imposibilidades del decir, del lenguaje que nos habita y frente a nuestras limitaciones como hablantes, diste mucho de tú interpretación y de lo que anhelaste comunicar…como ves, si es así, nuevamente estarás en lo correcto, alcanzamos sólo a balbucear nuestros infiernos y los que habitan nuestras mentes, resulta entonces incierto e improbable que seamos de/codificados por los otros ¿por qué lo hacemos entonces? Por la travesía, por el viaje a los infiernos, por la Odisea, por la conciencia del Túnel, el movimiento de poner en marcha el texto, deshacerlo y ejecutarlo, intentando que alguna vez su “ruido” se vuelva una melodía que rompa con tantos silencios de la palabra.

Un abrazo

Alberto dijo...

Sin duda Pablo, has dado en el clavo, sobre el significado de escribir y con la pasión, que debe hacerlo el escritor. Remover, sacudir,abrazar, plasmar, enriquecer, embellecer,adornar,pavimentar,crear. De ahí, la expresión " un poeta es un pequeño Dios".
Que bello, es navegar por las letras y que las manos, sean la batuta que ejecuta la sinfonía impresa en un papel. Una buena sinfonía, la devoran los ojos ávidos. Se pierde la noción del tiempo y el espacio en un viaje onírico y maravilloso, donde se une la barca lector-escritor. Donde la Aurora es un puerto, que nos recuerda el final del viaje.
Saludos para ti Pablo y para Amanda, muchas felicitaciones; pues cada día la revista mejora mucho más y el contenido es fascinante.
Elias Misner

Anónimo dijo...

Para ustedes porque es parte de mi felicidad:
Serrat:
Si usted es un hombre como cualquiera:
Ignorado,
desorientado,
contaminado como cuañquiera,
aburrido,
desconocido
y poco atrevido donde lo hubiera,
no vaya usted a crecer de tal modo
que llegue a alcanzar las estrellas,
que se sonría con razón
como lo hacen los bobos sin ella.

Para mi felicidad y la de ustedes.
Gracias.
Pablo