24 de mayo de 2008

MICROCUENTOS / Mario Monasterio


LA INCOMPARABLE CECILIA

Cecilia bajó desde el escenario entre vítores y aplausos. Ante un fervoroso público interpretó lo mejor de su repertorio. El ambiente estaba cálido y revuelto, el público cantaba y reía; cualquier situación era una contagiosa alegría que merecía un brindis con los amigos y las mesas vecinas.
Las luces iluminaron a los asistentes quienes coreaban el nombre de la "Incomparable Cecilia", gritando: ¡otra, otra, otra!
Reclamó su dinero para el taxi y salió apresuradamente del recinto. La calle estaba desierta, una espesa niebla cubría la ciudad. Eran cerca de las tres de la madrugada.
El taxi se detuvo en la esquina del estrecho pasaje de donde bajó nerviosa.
El llanto de su hija pequeña le esperaba en la humilde habitación, estaba enferma hacía días; durante la noche se intensificó la tos.
Se despejó de su peluca, de su traje y se limpió el maquillaje intenso del rostro. Una vez más fue la normal Juana Naranjo, la "Cecilia" del pasaje nueve, una de las mejores "Cecilias" que había en la ciudad.



Mario Monasterio Calderón

Publicado en La mancha Nueve.