12 de mayo de 2014

NARRATIVA / Luz María Bórquez




ENTRE ENTUERTOS MAL ENTENDIDOS


Sentada, en un piso de la barra en la discoteca “Dos por uno”, rumiaba furiosa su despecho; con un vaso de tequila en la mano, quería ahogar su pena. Danilo y la Rucia desteñida con senos de silicona, piernas de palillo, acaparaban la atención entre risas y gritos de la concurrencia, bailando una bachata hot, en que Danilo apretaba voluptuoso el cuerpo de ella, mientras la observaba como el hambriento mira el asado a la parrilla. La fiesta celebraba el cumpleaños de Carmencita, la jefa de sección, con los compañeros del departamento de ventas de la inmobiliaria “Viva Seguro”.

Encandilada miraba la pareja de bailarines con un segundo vaso de tequila en la mano. Danilo, era su pareja hacía seis meses. Él, es el amor de su vida. Ella, diez años mayor, pero el maquillaje, la gimnasia y sus lentes ópticos color verde, la nivelaban. Para Danilo era una relación sin compromiso; como dicen los lolos: “amigos con ventaja”.

Aleja sus pensamientos para centrar sus ojos en Danilo, quién no deja de mirar glotonamente las pechugas de la Rucia que se bambolean al ritmo de la bachata. Desea por momentos en ser invisible. Antes de abandonar la barra, apura el resto de su trago y se desliza hacia la puerta de la disco.

En taxi, se dirige a su edificio. En el vestíbulo, tambaleante, encamina sus pasos al ascensor. ¡Horror!, éste lucía un cartel “MALO, EN REPARACIÓN”. Se saca los zapatos de tacones altos y afirmándose con uñas y muelas a la baranda de la escalera, puede llegar al cuarto piso. Frente a la puerta de un departamento busca las llaves en su bolso, vuelca el contenido en el suelo y no las encuentra. Piensa en tocar el timbre, pero recuerda que su madre toma pastillas para dormir y ni el pito de una locomotora la despertaría. De pronto recuerda que su padre arreglaba relojes y abría cerraduras con un pinche para el pelo. Encuentra uno y lo manipula por un largo rato. ¡Abracadabra!, cedió la condenada chapa. Entra quedamente para no despertar a su madre y se desliza a su dormitorio. Escucha el ruido de cómo se queja su cama. Con esa pachorra de ebria, se cuestiona como remedo de Condorito: ¿Por qué se queja mi cama como condená si yo todavía no me acuesto? ¡Exijo una explicación!

Enciende la luz y sus ojos casi se salen de sus orbitas. Una pareja que no puede distinguir –debido a los efectos del Tequila– practicaba sus clases de Kamasutra. La mujer le lanza la lámpara del velador que le dio justo en medio de la cabeza. Al recuperarse no encontró nada más acertado (y como disculpa de borracha), decir.

- ¿Qué les parece que me incorpore a la clase de gimnasia? ¿No es éste el gimnasio que tenemos en el edificio?


Cuando tiene la mala suerte de cruzarse con su vecino, éste le susurra al oído:
- Cuándo lo desee mijita, le doy las clases que me solicitó esa noche, estoy a su disposición.



Luz María Bórquez



Biografía. Me llaman Luz por mi abuela y María por mi madre.
Nací hace 40 primaveras, 20 veranos, 10 otoños y 14 inviernos. ¿Cuántos años son? La gracia es que los he vivido mesclados y no respetando su esencia. Con su bagaje de alegrías, penas, nacimientos y muerte. Soy Leo, aunque dicen que es el mes de los gatos, tengo algo de leona y de gata. Amo las artes en todas sus manifestaciones. Mantengo un romance de 10 años con la Literatura, actividad que realizo en el Taller del adulto mayor “La Mampara” que me ha dado la oportunidad de participar en Antologías y una novela. Me siento realizada, “Planté un árbol, parí dos hijos y escribí un libro” Además seis nietos adornan este corolario. Gracias Dios mío.