
HUMILDAD
Dicen que el Hombre ignorante de entonces,
con profundo recogimiento
se arrodillaba bajo la catedral de la araucaria
a escuchar la prédica de la lluvia.
El corazón del Hombre ignorante de entonces
se abría como una semilla.
Sobre las hojas de los grandes helechos
la lluvia rompía en sinfonías.
Salía el sol.
Su oración,
con el vapor de la humedad
y el aroma de las flores,
subía al cielo como incienso.
Y así, el Hombre ignorante de entonces,
más que con pan y vino,
con humildad,
comulgaba con los cielos.
Dicen que el Hombre ignorante de entonces,
con profundo recogimiento
se arrodillaba bajo la catedral de la araucaria
a escuchar la prédica de la lluvia.
El corazón del Hombre ignorante de entonces
se abría como una semilla.
Sobre las hojas de los grandes helechos
la lluvia rompía en sinfonías.
Salía el sol.
Su oración,
con el vapor de la humedad
y el aroma de las flores,
subía al cielo como incienso.
Y así, el Hombre ignorante de entonces,
más que con pan y vino,
con humildad,
comulgaba con los cielos.
Ariel Blümel Almendra
Publicado en La Mancha número cinco.