15 de julio de 2008

POESÍA / Pablo Delgado U.






Permítanme restregarme la memoria.
Sin recortes ni periódicos,
ni fotos desteñidas descubriendo mi pasado.
El flash no fue mi pasión
apenas quiltro moviendo la cola
o levantando la pata para apaciguar los ánimos
maceré la hierba y corté las begonias.

Hubo turbas que quisiera olvidar
y uso mi olfato.
Puntos de vista, consignas, rabias amorosas
y otras me incitan
a que las he conocido (yo ya tengo suficiente)
mi raza está por verse.

Mejores cosas se hicieron en mi infancia
a ras de pasto como los anfibios
o aviones de juguete tendidos en el patio.

No simulo nada y pateo como un bebé,
quiltro al final,

mi recuerdo es eso, un guiño.




Pablo Delgado
Poema (a) del texto Perro Muerto
Quilicura, Noviembre 2005




Publicado en La Mancha número cuatro.

14 de julio de 2008

COMENTARIO CINE / Bernardo Astudillo

TARDES DE CINE

En la década de los cincuenta, cuando todavía en Chile la televisión no había desplazado al cine como elemento de entretención, la industria, buscando nuevas fórmulas para atraer espectadores, creó las series. La serie básicamente era una película contada por partes, ya fuera como capítulos unitarios o consecutivos, dependiendo del tema. Muchas de esas series – ahora consideradas de “culto”- se proyectaban antes de un plato fuerte, es decir, de un largometraje. Generalmente se exhibían en la mañana, después del mediodía, por lo que se llamaban “horarios de matiné”. De aquella concepción nació el cine de matiné, es decir, el género de aventuras, mezcladas con alguna dosis de romance, humor y drama. El género de capa y espada, entonces, acaparaba la atención, con aquellos héroes invencibles, románticos y luchadores de la justicia. La ciencia-ficción, sin estar a la saga, creó también sus propios héroes, y ahí nació, por ejemplo, “Las Aventuras de Flash Gordon”, indispensable antecedente para entender lo que vendrá en la década de los ochenta con “La Guerra de las Galaxias” y otras cintas que de alguna manera pretendían renovar el género volviendo a antiguas fórmulas. Si bien es cierto que los primeros en incursionar en este subgénero fueron los norteamericanos, los mexicanos, financiados por empresas como Paramount o Universal, que necesitaban llegar al público de habla hispana –considerando que en ese tiempo el “doblaje” casi no existía- crearon series adecuadas al estilo yanqui, con tramas truculentas, de románticos bandidos y héroes invencibles. El paso de la serie a la televisión no tardó en llegar, como consecuencia lógica de una industria en franco proceso de expansión, utilizando un medio cada vez más masivo y que, al contrario como se creía en ese tiempo, no competía con el cine. La época de oro de las series televisivas se dio en el mundo en la década de sesenta, cuando la familia se reunía para ver las peripecias de “El Zorro”, por ejemplo, producción Disney sobre el legendario enmascarado de la California española, llevado al cine en 1929 con Douglas Fairbanks.
Las aventuras eran un éxito seguro, y así nacieron series como “Tarzán”, otro éxito del cine, “El Llanero Solitario”, “Bonanza”, “Los Intocables”, “Ladrón sin Destino”, “Los Comandos de Garrison”, “Combate”, “Manix”, “Audacia es el Juego”, “Mi Bella Genio”, “La Hechizada”, “Bronco”, “Chayanne”, “La Diligencia”, “El Hombre del Rifle”, “La Isla de Gilligan”, “Perdidos en el Espacio”, “Viaje a las Estrellas”, “Alma de Acero”, “El Hombre del Maletín”, “Mi Marciano Favorito”, “Los Vengadores”, “Dos Tipos Audaces”, “El Santo”, “Misión Imposible”, y tantas otras series que no caben en una simple enumeración de una época caracterizada por la búsqueda de elementos de distracción a bajo costo, donde la familia era partícipe de ella, eje y motor de una industria que terminaría siendo un culto masivo y de añoranza. Si bien es cierto que el cine seguía siendo un “hermano mayor”, la serie renovó el lenguaje visual de toda una generación que se educó en ella y que, de no mediar el arrollador avance tecnológico, seguiría imperando en nuestras vidas con la misma vitalidad de entonces. Ahora, en pleno siglo XXI, cuando la tecnología ha desplazado a la humanidad a un puesto de usuarios compulsivos, se añoran esas tardes apacibles cuando la familia se reunía a ver las aventuras de sus héroes preferidos, envueltos en un mundo de fantasía, un mundo que, dadas las circunstancias normales de una época como la nuestra, está irremediable confinado al cajón de los recuerdos.



Bernardo Astudillo
Publicado en La Mancha número cuatro

11 de julio de 2008

POESÍA / Zara Bahdí




EL PERDIDO

En su silencio
con hilo letrario zurciré
sus palabras - mosaico
para armar un mapa
de sus pensares.
Y puedo dinamizar
este juego de silencios extraviados
y puedo hacer lúdica
la estantería de las dudas.
Ud. se ha quedado callado
y ha renunciado a los enunciados de la prensa rosa,
prensa amarillista
luego, prensa policial
luego, criminal.
Obituario.
A cambio, he tapizado el pueblo
con su rostro dibujado a pulso
sobre lo que me acuerdo de Ud.
sobre cómo sonaba su voz
o sobre cómo discurseaba Ud.
sus discursos PRE - elaborados
envasados
preservados.
Ud. se calla
y aún más, Ud. desaparece.
He perdido.
No mido, ni estimo lo perdido
o ¿se ha perdido Ud. y pulula extraviado
en este conventillo pueblerino?
Que la gente se desintegra
pasando a integrar
parte de las dudas (es verdad) .
Y las dudas son parte de las historias
y yo, con mi campaña (de carteles y panfletos)
de buscarlo,
no lo encontré
ni Ud. quiso ser encontrado
ni tal vez, le dieron las facilidades
ni me las dieron a mí
y tuvimos pánico escénico.
Ni se movió de su escritorio
ni puso todos lo huevos en la misma canasta.



Zara Bahdí
Publicado en La Mancha seis
Ilustración: Amanda

10 de julio de 2008

COMENTARIO / Marcial Heredia


FÁBULA EXTENSA DE LA CAMPESINA Y SUS GALLINAS
(O, a quién le venga el sayo, que se lo ponga)


E
sta era una vez, una campesina que en su tierra tenía gran cantidad de aves de corral. Un buen día, al mirar con atención su gallinero, se dio cuenta que estaba bastante a mal traer, entonces, se propuso arreglarlo y componerlo a tal punto, de que fuera cosa de admiración entre todos sus vecinos.
-Manos a la obra –se dijo, y con gran esmero limpió, pinto, transformó y modernizó su gallinero hasta que este fue cosa digna de admirar. Fue tanto así, que las propias gallinas se sintieron orgullosas de lo diferentes que las hacía ver a ellas en comparación con cualquier otro gallinero del lugar.
Por ejemplo: ya no tenían que escarbar la tierra en busca de los escurridizos granos de maíz, no señor. Ahora tenían modernos comederos donde la campesina les brindaba variedad de granos y potajes vitaminizados. Para hacer más grato este ambiente, puso en un rincón del gallinero un reloj “cucú”, en el que cada hora asomaba un hermoso gallo que dejaba escapar su “kikirikí” al son de la sinfonía n° 40 de Mozart; el resto del tiempo, emitía variados programas culturales.
Naturalmente, tales cambios tenían que producir efectos en las afortunadas criaturas, y estos se fueron manifestando de diferentes formas: primero que nada, les dio por aprender a dialogar y debatir cada noticia que escuchaban por la radio, y así, se llegó al extremo de que después de escuchar una charla sobre planificación familiar, La Castellana, líder delas ponedoras, se negó a poner huevos “sólo porque sí”, y así lo expresaba en apasionada arenga a sus plumosas compañeras:
- ...y es por respeto a nosotras mismas, que no debemos poner ni un solo huevo que no sea planificado y con el exclusivo fin de perpetuar nuestra especie. ¡No más gallinas objeto!
- ¡Bravo! ¡Hurra! ¡Eso es! – estas y otras exclamaciones coronaban el discurso de La Castellana.
Los pollos más jóvenes que antes jugaban y se peleaban en la búsqueda de un gordo y sabroso gusano, ahora se dedicaban a preparar intrincadas coreografías de baile, que eran representadas durante el programa “Los Diez Top del Momento”, que transmitía el radio-reloj-gallo de cinco a seis de la tarde.
Y sucedió que hasta un pequeño y solitario gallo de la pasión que vivía opacado por sus congéneres, comenzó a pasearse de un lado a otro con las alas en la espalda, discurriendo y formulando sesudas hipótesis a las más altas dudas filosóficas.
- Y bien – se decía – ¿de quién más puede ser el mérito de este cambio, sino, del individuo mismo? Porque... nada puede nacer de la nada, y si el saber se ha impuesto es porque siempre ha existido, y no porque alguien externo a nosotros lo haya decidido. Si somos lo que somos, es porque siempre lo hemos sido y, por lo tanto, no le debemos nada a nadie.
Así entre elevadas conjeturas y resoluciones transcurría su día, siendo el mayor motivo de admiración de todo el singular gallinero.
Día tras día, los vecinos de la comarca acudían a la casa de la campesina para ser testigos de las admirables aves. Y si bien, al principio no dejaban de alabar y felicitar a su dueña, con el tiempo, pasaban por su lado sin apenas mirarla y se dirigían directamente al gallinero.
Esto fue causa de gran despecho por parte de la campesina, quien herida en su orgullo por la “ingratitud” de sus aves y lo veleidoso de sus vecinos, esperó la oscuridad de la noche y escondida tras un rebozo, más premunida de herramientas, entró al gallinero y destruyó todos los adelantos y galanuras del lugar.
Las gallinas, adormiladas, no pudieron pensar nada más que un fuerte remezón asolaba el lugar y al llegar la aurora, y dejarles ver la magnitud del estropicio, no fueron capaces ni de cacarear. Incluso, el pequeño gallo de la pasión llegó a preguntarse si alguna vez había habido un cambio, o sólo lo había soñado.
A medio día, los asombrados vecinos que presenciaron lo acontecido, no podían entender cómo la dueña del gallinero parecía tan tranquila y relajada. Con una sonrisa de triunfo, la campesina se ufanaba de tener El Mejor Gallinero de Campo, rústico, fiel representante de las costumbres del lugar.
Por lo demás, como tiene que ser.

MARCIAL HEREDIA / QUILICURA / 2004 - 2008
Publicado en el medio virtual La Voz de la Impotencia
Ilustración: Romina Biassoni

4 de julio de 2008

POESÍA / Ariel Blümel Almendra




HUMILDAD


Dicen que el Hombre ignorante de entonces,
con profundo recogimiento
se arrodillaba bajo la catedral de la araucaria
a escuchar la prédica de la lluvia.

El corazón del Hombre ignorante de entonces
se abría como una semilla.
Sobre las hojas de los grandes helechos
la lluvia rompía en sinfonías.

Salía el sol.

Su oración,
con el vapor de la humedad
y el aroma de las flores,
subía al cielo como incienso.

Y así, el Hombre ignorante de entonces,
más que con pan y vino,
con humildad,
comulgaba con los cielos.

Ariel Blümel Almendra
Publicado en La Mancha número cinco.

30 de junio de 2008

POESÍA / Nancy Ramírez




SIMPLEMENTE ALEGRÍA


L a sonrisa de los niños
¡Alegría!
La inteligencia que se desflora en llamas
el amor incondicional, el amor fraterno
la amistad gota a gota cultivada.

El alma ebria de flores y ternuras
¡Alegría!
Los besos de las brisas a las hojas del mundo,
el aliento de la tierra,
los plácidos murmullos de la callada selva
y de la madre el vientre pleno
que acaricia en dulce devaneo.

¡Alegría!
La confianza, la pasión y los placeres,
el suspiro de las olas al fundirse con la espuma.
Tu voz, tu piel, tu luz, tu alegría y la mía,
la presencia del cielo con su copa de frescura.

La alegría camina descalza
por la orilla de un mar imaginario
y luego, se descuelga intangible,
como un racimo blanco de la luna.
No obstante, bien preciado, a sus ojos y a los míos
mi señora Alegría...
ven a regarme siempre de un poquito
o de un mucho de alegría.


Nancy Ramírez
Publicado en La Mancha número diez.
Dibujo: libro Pehuén

28 de junio de 2008

POESÍA / Daniela Abarzúa






Eclipse



Cuando mis planetas se alinean
y el movimiento cósmico se desata
mi caos se revuelve
Tornados de luces psicodélicas
Espirales de tensión insoportable...

¡Todos se muelen dentro de mi trituradora!

Y crezco,
me estiro
Soy gigante
Fuerza brutal...

Y me desgarro,
me retuerzo
Dolor a brazos abiertos
que lacera,
que arde muy adentro...

Soy sólo yo contra tus navajas de hiel...

Mi coletazo todo lo sacude
Ondas insurrectas
que se esparcen
Todo en una llamarada refulgente

Y te quemo
con mi flama de arsénico azul
Y tu carne putrefacta,
derretida como esperma
se hace ceniza volada.


Daniela Abarzúa Guerra
Publicado en La Mancha número diez.
Ilustarción: Amanda

22 de junio de 2008

RETRATO / Federico Zurita Hech


UN YO QUE NO SOY YO
HABLÁNDOLE A TERESA WILMS MONTT
SIN QUE ÉSTA LOGRE ESCUCHARME
O QUE DESCARO EL MÍO.



Ay Teresita, que linda eras cuando te llegó la muerte ni muy avanzado el siglo XX. Y lo menciono porque, si ignorara ese antecedente, para muchos sería como si nunca hubiese hablado de ti, Teresita. Y tan cuica que eras, que no puedo dejar de mencionarlo por la misma razón que no dejo de mencionar que eras tan linda. Y lo peor es que no te dejaron disfrutarlo del todo, aunque, claro, algún provecho le tenías que sacar.
Es que tal vez, si no hubieses sido tan linda, ni tan cuica, nunca, nunca habrías sido escritora y no serías la osamenta estelar que eres hoy, porque, si hubieses sido pobre, nadie se habría interesado en retenerte y encerrarte. Menos aún si hubieses sido fea. ¿Te puedes imaginar tú misma cómo habría sido todo si hubieses sido fea? Que escriba no más, habrían dicho, si es tan fea y tan pobre, de algo que sirva este esperpento.
Pero fuiste la más linda en Viña del Mar y luego en Iquique y en buenos Aires, igual. Y tal vez hoy también lo serías y te invitarían a los estelares para hablar de cómo Huidobro te ayudó a huir del encierro del celoso de tu marido, un Balmaceda. Y con tanto apellido tan rimbombante de por medio, de seguro sería un cahuín bien fino y tu obra seguiría sin ser leída y volverías a decir " en la cabeza de la nada se ha suicidado una idea". Es que, cómo te lo digo Teresita, si ya nadie lee tu obra, que es tan difícil de encontrar, en cambio, tu biografía está en tantos veladores y los pasajes de tu vida los dejan a todos tan conformes, que ya da lo mismo lo que escribiste. Ya me imagino, este es un diálogo tipo: ¿Has leído algo de Teresa Wilms Montt?, dirá uno. No, nada, ¿pero, supiste que su marido la encerró en un convento cuando descubrió las cartas que se escribía con su propio primo y que después, Huidobro la ayudó a escapar a buenos Aires?, dirá otro. No, pero con el que se escribía no era con su primo, era con el primo de su esposo, agregará un tercero. ¿Y no era con Huidobro entonces, el romance?, se preguntará el primero. Y luego, hablarán de lo que pasó en Nueva York, Madrid y París, porque alguien como tú pudo conocer todas esas ciudades. Y claro, tus hijas también saldrán al baile.
Si hubieses nacido en otro país ya te habrían hecho una película ¿te imaginas?, con Gwyneth Paltrow o Nicole Kidman haciendo de Teresa. Y la película de seguro terminaría y empezaría con el mismo día, el 22 de diciembre de 1921, cuando te tomaste tantas pastillas que agonizaste hasta la víspera de Navidad de ese año. Es que esas películas son tan predecibles, que uno sabe que van a partir con el suicidio, porque ¿sabes?, nos gusta tu tragedia, nos llama la atención, esa atención que aún no le ponemos a tu obra, Teresita. Ah, y si no hubieses sido tan linda y tan cuica, tampoco habría historia.Está claro que fuiste una mujer valiente. No muchas hacían lo que tú, cuando el siglo XX recién comenzaba, pero, eso no te hace mejor ni peor. No es tu valor ni tus méritos lo que se pone en duda, es otra tonterita, esa de creer que tenías capa y súper poderes y que nadie se canse de repetir que eras tan linda. La Mistral era tan fea, pero todos se saben sus poemas. Quizás Teresita, debiste haber sido un poco más fea para no ser tan desgraciada. Ahora todo sería distinto y no te recordaríamos como una especie de roquera, porque así te ven muchos ahora, como una roquera. Si, los siúticos te deben ver así. Y nosotros no somos menos siúticos por estar diciendo todo esto, después de todo, tampoco hemos leído tu obra.




Federico Zurita Hech
Publicado en La Mancha número seis.




POESÍA / Hallan Andes


HECHOS…



¿Viste cómo sin ser Dios puedo hacer salir la luna?
¿Viste cómo volaban las puertas de piedra,
los arcos, los dinteles,
el alfeizar de tu ventana de mármol?
Toneladas de material sólido, hierro forjado,
bloques de granito labrado a rayo, dibujado a láser.
Y todo para ti.
Para nosotros.
Para construir nuestro palacio
que ha de prevalecer eones de milenios.
Me miraste asombrada cuando corrí la nube
que tapaba nuestros rayos de sol.
¿Y el saludo de las plantas?
Su venia vegetal,
su bienvenida de ramas extendidas
ofreciéndonos sus frutos.
No acababas de sorprenderte y me dijiste:
¿Y todo esto Hallan, querido… por qué, cómo?
Por ti… no más.
Te repetía “por ti”,
y recostándome en tu pecho, me dormí.
Me quedé como transparente veinte mil años,
y hoy al despertar, veo que no estás…
se han apropiado de todo.
Tu belleza derramada en todas partes
y yo, solo… pero, te inventaré.
Voy a eliminar los hombres sin matarlos:
los disolveré en el éter de la gracia repartida.
Tomaré mis bienes y tendré noche de bodas
y después,
recostándome en tus brazos, velaré,
jugando a ser cada uno de quienes me deshice…
Claro que… eso sí:
Los he de fusionar en el nombre
del Yan que tú me diste.

Hallan Andes
Publicado en La Mancha número siete.

Ilustración: Alejandro Santos Chávez.

13 de junio de 2008

REFLEXIÓN / Amanda Espejo

SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA LECTURA INFANTIL

Si nos ponemos a pensar en la importancia que tiene la lectura para los niños, nos daremos cuenta, fácilmente, de que no hay una sola razón, sino, muchas de ellas, a las cuales podemos llegar en forma espontánea y sin rebuscamientos:
Obviamente, la lectura es parte integral del lenguaje y como tal, uno de los pasos indispensables del aprendizaje. Pero, además de aquello, tiene por añadido un resultante emocional que raya en lo mágico, y es que la lectura es el interruptor que sin ruido enciende la imaginación para, en enseguida, abrir la puerta de miles de mundos escondidos que aguardan a ser descubiertos
por los lectores.
Es fácil imaginar entonces, qué maravilla es la que sucede cuando el lector es un niño.
Los niños y niñas son, gracias a su corta edad, seres inocentes y no contaminados con los prejuicios y quiebres valóricos que suelen afectarnos después, a lo largo de nuestra vida. Están en un estado... podríamos decir de gracia, en donde todo lo que observan les produce viva admiración y la fe tácita de que aquello puede ser. Así, sin cuestionamientos.
Los libros infantiles abren para ellos una serie de mundos maravillosos que ellos, en su concepción no maliciosa del mundo, son capaces de vivir como reales y en donde los sucesos que allí se relatan son experimentados como propios, convirtiéndolos fácilmente en los héroes y heroinas de las historias relatadas. Una vez aceptado este hecho, nos daremos cuenta de la importancia que tiene para ellos el tener acceso a estas instancias y a lo sustancial del hecho de que puedan contar tanto con los libros como con los espacios adecuados en donde puedan recrear tranquilamente, lo plasmado en esas páginas.
Si nos damos el tiempo de mirar nuestro diario entorno, veremos que las condiciones reinantes en nuestra sociedad son variables, y en esa variable están insertos nuestros niños y niñas tal como el resto de nosotros.
El libro , como objeto, tiene un valor, y a menos recursos del grupo familiar, menos accesibles son para ellos los libros; negándose con ello la posibilidad a estos niños de acceder al conocimiento y la magia que estos encierran. Es por ello que instancias como esta resultan tan valiosas: es porque encierran mucho más que una tarea cumplida o un acierto que adjuntar a un determinado currículo. Aquí, en este momento se está entregando mucho más que una caja de libros de ciertas características y valor determinado: se está entregando la posibilidad de pensar en igualdad, por lo tanto, este maletín, bien recepcionado, ha de ser un tesoro para ellos.
Por nuestra parte, la del mundo adulto de nuestra comunidad, los niños y niñas son nuestro auténtico tesoro. El futuro ineludible de nuestra sociedad. Cuidémoslos pues, con el respeto que se merecen. Démosle el regalo invaluable de la palabra, día a día, convertida en un trato amable, sin vulgaridades, con respeto hacia ellos, a nuestro lenguaje y a nosotros mismos. Recordemos nuestra propia infancia y convengamos, entonces, en la significancia extrema de saberse valorizado, amado y respetado.

Y, finalmente, simbolizado con estos libros, concedámosles sin vergüenza, el derecho a soñar.




Amanda Espejo


Expuesto durante la entrega de los Maletínes Literarios.