13 de agosto de 2012

NARRATIVA / Microcuentos de Francisca Correa





SE ESCRIBE POESÍA CON TANTA VEHEMENCIA

Se escribe poesía con tanta vehemencia, las putas mismas son más manoseadas en la poesía, en las “p” de putas, de prostitutas, de profanadas, de patria… ¿y por qué no pirañas, pelicanos, las pesadillas, y por qué no los peludos o los payasos? En vez, la penumbra, abstracta y abyecta, nos hiende tan dentro, y cómo nos violenta, la pura presencia de la penumbra nos perpetua un clavo en la espalda, justo ahí donde se engendra la soledad, y el miedo, a la altura de la columna, y de las axilas, la penumbra… como se clava en la espalda de lector ausente.




CARNE

Dejó de hacerlo, cuando prescindí de posar mis labios, de confluir en la desnudez, de desmenuzar sus palabras en miles de gestos intravenosos y sugerentes, de introducir mi carne abierta en al univoca pulsación de sus muslos, de poseer a calle entre las piernas y los ojos entre las piernas y los libros entre las piernas y la noche entre las piernas, cuando no era vino el semen agolpado en el vientre, cuando no era carne porque dejé de posar los labios, entonces el pseudoartista ultrasensible romantikoyviolento y además vegetariano, se alejó simplonamente de mí. 



REICIDENCIA

“Antiguamente una tribu de hombres errantes perseguía animada el camino del sol, cada día abordaban el viaje junto a la primera luz del alba. Al atardecer, sorteando las sombras del ocaso, el retorno se desplegaba bajo el abrazo tibio de los últimos rayos. A veces la pequeña Achik veía a pocos metros el campamento anterior, se dormía pensando en lo cercana que era algunas veces la luna.”
·         ¿Por qué lo hacen, papi? –pregunta la pequeña Rebeca con los ojos abrumados.
Antes de que cante un gallo, de un solo impulso sus piecitos ya galopan por la vereda, a ver si ha crecido un poquito y puede atravesar a saltos gigantes el luche de tiza.



NOS DEJAMOS LLEVAR

Te habrías dejado llevar apenas por el tenue cause de nuestras risotadas, pensaba.
Si hubiéramos hablado más a fondo del ocaso en aquel sur nacarado, de ámbares los potros lejanos cabalgando sobre cerros, si hubiéramos sido nácar y pasto, maleza enraizada a maleza, rocío albino celebrando amaneceres por los años que nos quedaban; si hubiésemos callado menos y el silencio no se armase en nosotras como témpanos abismantes, empujones insolentes hacia la inmediatez, la mediocridad del ojo por ojo y la actitud humana, el sinsabor de verse en pie sobre cadáveres sumisos, el arrebato de los cuerpos transparentes a la luz de nuestros juegos; si el silencio no hubiera coagulado nuestra sangre y de cristales los ojos, hubiéramos, si acaso por gesto sublime, tapado tú mi boca y yo tus oídos, y habríamos contemplado menos tiempo a nuestra infancia por el ojo de aquel caleidoscopio.




Hubiéramos trotado potranca y tu mansa, con el viento sur entrampado en tabique, habrías mancipado al viento en tus dudas insurrectas, y yo estuviese en ese entonces rindiendo aludes de mí a tu sonrisa, calma contra calma.

Pensaba y pienso, si hubiere alguna duda en los próximos recorridos, me ampararía a la eternidad inmanente para amarrarte con historias y mitos de antaño, aquellos de Ícaro y Dédalo y otros tantos, tornaría azules y violetas los años y certezas venideras, amarraría tus cordones, trenzaría tu cabello y cogería siempre las frutas que te delaten el paso del tiempo; yo soy quien en secreto desea que no despeguen tus rueditas del asfalto, yo soy quien en la noche borra la última medida de tu estatura en la pared, yo soy quien reparte saltarinas y tizas a por tus escondites, y quien aleja de tus intuiciones los indicios del pasado, pequeña, si nos vieras hoy con los ojos del absoluto, y tu sonrisa iluminara las letanías de mis temores, lo habrías recordado todo. Cierro los ojos y puedo escucharlo, te habrías abalanzado a mis brazos con la alegría abismante como victoria, y te habrías dejado llevar apenas por el tenue cause de nuestras risotadas hermanita, ya lo puedo escuchar…


Publicados en el número especial de La Mancha PURO CUENTO.
Ilustraciones de ZARA BAHDÍ