11 de mayo de 2012

EL LIBRERO de La Mancha / VUELOS DE PAPEL, de J. Hugo Suárez Domínguez.







Un significativo obsequio es el que hemos recibido desde México: "VUELOS DE PAPEL Señal de la Nostalgia", de J. Hugo Suárez Domínguez, viene a enriquecer esta colección aumentada, día a día, gracias al entusiasmo, afecto y generosidad de nuestros amigos y amigas "manchados/as". 
Un humilde modo de agradecer su gesto, es publicando en nuestro espacio algo sobre su contenido.
Con ustedes, uno de sus relatos y parte de las palabras del autor acerca de su obra:





Con el vuelo al hombro:

“Nunca dudé que volar fuera posible. Lo supe desde que subí a aquella colina, me até sendos trozos de papel a los hombros y me lancé sin temor. ¡Pude volar! Al principio sólo me dejé llevar entusiasmado, por el viento, que en las alturas tiene otro colorido. Aspiré la vida, la sabrosura de la vida. Me maravillaron las montañas, los hombres, el amanecer, los árboles, vistos desde un perspectiva hasta entonces ignorada. Al cabo del tiempo hice de mi vuelo un acto controlado. Volé como ave majestuosa, extendiendo las alas en una demostración de jactancia mordaz; pero desistí de hacerlo: me perseguía un incómodo instinto depredador. Ensayé vuelos con plumas de pájaros gráciles, torpes, metódicos y hasta vertiginosos; aprendí, incluso, a no temerle al crujido de las ramas. Pero al final volví a batir mis alas de papel, y concluí que cada quien es lo que es, y se eleva según sus propios medios (…)”

J. Hugo Suárez Domínguez


VÍA CRUCIS



Me dirás, José Manuel, que no tiene sentido ver las estrellas; que es más fácil llegar al río, meter la mano y sacar duendes o ninfas o un zapato viejo; que el cielo es lejano, tanto como el pueblo remoto que ya no está en la memoria. Te dirás, ¿por qué tiene que ser tan grande el mundo, para qué con estos brazos y piernas tan pequeños? Y te sacudirá un espasmo interior cuando avistes que hay vida más allá de la hilera de sabinos.

Imagino tu llegada a la tierra adoptiva, sonrisa de tonto y envoltorio ropa al hombro, con un simple ahhh como repertorio total de tu lenguaje. Ese día, alguien debió pensar en tus manos, deformes, como en las de un pordiosero, y te adosó al paisaje con este sino. Alguien más, ocupado en sus cosas de gente de bien, no quiso ver al hombre y dictó sentencia de que debías ser un elemento ajeno y accesorio del contexto. Pero te asimiló la tierra. Ahora, al paso del tiempo, no puedo concebir tu víacrucis de pies descalzos, sin la cotidiana búsqueda de un calvario donde se viva sin puntas de lanza en los costados.

Debe ser fantástico el lugar de donde vienes, Manuel. Me cabe la certeza. Digo, por tu forma de mirar, de reír, de expresarte con gestos primitivos sin dobles intenciones. Imagino tu mundo sin palabras ni razones más allá de lo estricto; tu forma directa de decirle a tu madre “ te quiero pero tengo que irme”. Me queda la duda de lo que viniste a hacer y extiendo mis conjeturas hasta los altos designios y me pregunto si la idea que tengo de los ángeles no habrá estado siempre equivocada.

Algunos creen que en tu talante hay algo extraño, discordante. Supone la gente que para serlo, hay que llevar una leyenda que justifique el control de calidad; que ser apuesto, locuaz y juvenil es condición inexcusable para ser algo y convertirse en alguien. Será porque la vida que corre en las calles es vertiginosa y no deja resquicio para asomarse a la esquina y ver una cara de “loco”, sin adoptar ese aire de conmiseración que todos blandimos como escudo refractario.




Nunca te he visto llorar. Quienes te despidieron cuando te fuiste de casa depuraron tu equipaje. Sacaron el ripio del llanto, del desconsuelo y la aflicción: no habrán querido que escondieras la cara cada vez que te asaltara la nostalgia. Sólo deben haberte dejado un poco de coraje para lanzarle piedras a la vida, cuando te percataras cómo son distintos los demás. A lo mejor en esos arrebatos no te parecieran tan lejanas las estrellas.

¿Qué pasará cuando llegue diciembre y el invierno ponga su manos fría sobre tu espalda? No estaré allí para ofrecerte mi palabra, para ponerte días soleados sobre el hombro, para mostrarte espejos mágicos. Sólo te llevaré en un papel escrito; sólo me quedará la certidumbre de que nunca hubo tinta mejor que la de este papel. Porque cuando se llena un espacio con un nombre y una historia, se gana como en la más sesuda transacción financiera.

¿Dije José Manuel? ¿De qué? ¿De la Colina? ¿Del Barco? ¿Del Llano? ¿De la calle, del mercado, del río, de puerta en puerta?

Ni siquiera sé si en verdad tienes un nombre.



J. Hugo Suárez Domínguez
Vuelos de Papel, Pág. 53



J.Hugo Suárez Domínguez / Integrante de la Agrupación Cultural Puerta Abierta Chile-México,  nace en Bochil, Chiapas, México, en 1950.
Sus principales obras son: De ternura, de locura y otras emociones ( poesía, COBACH, 2004); Una prosa más… (narrativa) y Vuelos de papel (narrativa y poesía, Independ 2008); Tatuaje de Unicornios (2009).
Los libros colectivos Sólo tengo el viento de un lápiz ( Editorial Viento al Hombro, 2003) y Escalando horizontes ( Coneculta, 2006) incluyen cuentos de este autor.

Blog del autor:

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi padre es lo mejor y aunque no lo sepa me siento orgullosa de el y esperen su proximo libro,esperoque lo publiquen.

Manchados dijo...

Nosotros también nos sentimos orgullosos de publicarlo e irlo conociendo cada vez un poco más por medio de sus letras. El libro es...PRECIOSO!