26 de abril de 2012

NOTICIANDO / Presentación de MALDITO PARAÍSO, de Rosa Alcayaga Toro.



En estos tiempos de múltiples movimientos de variada naturaleza y en donde la Tierra pareciera querer dejar en claro que es ella la que nos lleva la delantera en esa materia, una tarde cualquiera, dentro de un círculo como tantos, pasan cosas… cosas que por muy cotidianas o repetitivas que parezcan a nuestro mundo literario, logran salir de lo común precisamente, por lo terrenal de su perspectiva. 
La Poesía tiene mil voces (suele jactarse de ello), y cada una de ellas tiene su forma, su estilo, su visión de mundo. Unas pocas, además de la singular perspectiva, conllevan una misión de vida la cual persiguen y acicatean golpe a golpe  por medio de la palabra; y a través de ella es que logran estremecimientos soterrados, pero de tanta intensidad como el más potente sismo representante de esta era. Uno de esos es lo que vivimos la tarde del martes 24 de abril, en La Casa del Escritor, cuando la lectura de la poeta Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro estremeció hasta los cimientos de la edificación y de cuanto ser humano estaba presente.




Ciertas y sentidas palabras se dijeron acerca de la poeta, de parte de Reynaldo Lacámara, Alejandra Basualto (editora), Angela Barraza y Libertad Manque, y me encantará poderlas compartir en cuanto nos cooperen con ellas. Por mientras, y para no dilatar más el asunto, algunas imágenes del momento y uno de los textos de MALDITO PARAÍSO:



habladurías

“Multiplicaré tus trabajos y tus penas.
Parirás con dolor a tus hijos y buscarás
con ardor a tu marido, que te dominará”
(Génesis III. 7-3)


como en un barril de pólvora
confusa Babel sobre cuatro ruedas
sus habitantes mastican una a una cada palabra

te compro pollo una vez al mes
te saco a pasear en micro
¡qué más quieres! 11

revolcando sus manos en los bolsillos
ella lo mira desde su ojo morado
no tiene escapatoria y cuelga
desde el umbral de una ventana
silenciosa y sin afiches oficiales
a cinco críos muertos de hambre
y al beso que la crucificó a los 13
cuando su padre la echó a la calle

te compro pollo una vez al mes
te saco a pasear en micro
¡qué más quieres!

me levanto asustada y la miro
ella con la boca abierta
y un río de sangre inundando la tierra
y la vidente consagra: “toda bandera es un río de sangre” 12
y tu sangre
y la mía
no tiene fin

Infame paraíso no hay salida él arranca
buscando a Dios para pedirle cuentas
zanjar aquella vieja deuda
cobrar sus treinta monedas de plata
y zurcir aquella historia que sangra de su costado




11 Conversaciones de una pareja captada en la micro, en Valparaíso.
12 Stella Díaz Varín, Los dones previsibles, poema IV, sexto verso y final.

4 comentarios:

Reyna Hernández Haro dijo...

Muy sentidas las palabras. El poema me hace pensar en la calidad del humano actual. Gracias por compartir las manchas.

Reyna Hernández Haro dijo...

Gracias por compartir esta mancha, por permitirnos estar más cerca del momento. El poema me resulta bastante emotivo... sin palabras me ha dejado.

Manchados dijo...

Reyna...tienes mucha razón (según mi parecer ) en cuanto a la palabra de Rosa. Fue tal como lo describo y más.
Aquí, en este espacio, cumplimos con dar a conocer lo ocurrido y agradecemos en toda su valía los comentarios de quienes responden la invitación a compartir. Gracias, de veras, por tus palabras, tu tiempo, y la generosidad que siempre demuestras en todos lados.

rosaemiliadelpilar dijo...

Escucho las palabras de la calle y veo la violencia y el dolor repartido en sus caras, y escribo. Luego me presento en un escenario para derramar el pulso de la tragedia. Rosa Emilia del Pilar Alcayaga Toro.