23 de enero de 2012

EL LIBRERO de La Mancha / Colores Propios, antología narrativa.



Justo el día de la prsentación de "Hablemos", en Casa Fawaz, nuestro amigo Mario Cáceres Contreras nos obsequió un novedoso libro objeto que contiene una antología narrativa con el trabajo de taller literario dirigido por la escritora Lorena Díaz Meza.
Este producto, consistente en un sobre con tarjetones en los cuales están impresos los cuentos, es el trabajo resultante de un ciclo de taller que decidió, muy atinadamente, idear una plataforma distinta para mostrar sus textos. Gracias a Mario, lo tenemos en nuestro "librero manchado" y desde alli lo traemos hasta ustedes con una breve descripción de su contenido.


Parte de las palabras de su editora:

"COLORES PROPIOS es la primera autoedición que realiza el Taller de Narrativa de la Municipalidad de Maipú. Este grupo de personas ha logrado compilar en este libro objeto, una muestra de su versatilidad, dominio de la palabra y destreza a la hora de escribir y crear.
El grupo de gente que se reune acá, son seres humanos valiosos, no sólo en la palabra, sino también en lo íntimo (...)
(...) El iniciar este proyecto, planificarlo, organizarlo y financiarlo es una muestra de solidez no sólo en las letras, sino también en la gestión y fomento la lectura. COLORES PROPIOS Está hecho a pulso y eso nos llena de gratificación (...)"

Lorena Díaz Meza
Diciembre del 2011


En esta publicación comparten espacio y logro : Juan Ramón Cuello, Mario Cáceres Contreras, Ema Hernández, Consuelo Tapia, Ana Monroy, Medeliz Aguirre, María Soto, Miguel Veragua, Bruno González, Palmenia San Martín, Leonardo Fuentes, Andrés Carimán y Macarena Fuentes.

Y como muestra de lo descrito, vaya con ustedes el relato de Medeliz Aguirre:


FUERA DE FOCO


Se supone que este mundo tiene todo organizado,  todo debe estar donde supones que debe estar. En ése caso yo no estoy de acuerdo Marilín, nosotras nacimos fuera de foco.
Tu sabes, las mujeres siempre serán primeras, únicas, protagonistas de cuentos, de novelas, heroínas, hijas de la memoria, de la cama y dueñas de las polleras. Serán rubias, morenas, pelirrojas, tostadas, con otros colores y menesteres.




¿Quién hablará de nosotras? Yo creo que la noche.
De acuerdo, por eso me desquito todas las noches. Tendrán que soportarme: visto medias de seda con calzas ajustadas, una blusa transparente que se desboca en el surco que dejan mis senos, un pañuelo de seda rodea mi erguido cuello, adorno la cabeza con un sombrero alón  de visera caída que tapa mi rostro desconocido. Unos zapatos descubiertos elevan mi cuerpo en altura, haciendo mover cadencioso mis caderas. Un echarpe de plumas envolventes, acaricia mis hombros, y la música me agita con alegría loca de placeres.
La competencia es fuerte. No te olvides que ellas son las putas en sábanas blancas y nosotras las mariposas nocturnas.
Pero hay diferencia querida, nosotras tenemos un gozo infinito. Amamos la vida.
Aunque esa vida nos da su revés Desde niño aprovechaba la ocasión para ponerme prendas
de mi hermana Fui creciendo y seguí sintiendo lo mismo, estaba consciente que era un secreto.
Me pesaba mi presunción femenina en un cuerpo varonil.
Recuerdo de vez en cuando muestras de cariño de mi padre. El vivía de fantasías de luces nocturnas.
Estaba tan profundamente incrustado en mi corazón de niño, que creía normal ver en cada maestro de escuela, padres de otros niños, aquel padre disfrazado de violetas y lentejuelas.
Vine a comprender al llegar a la adolescencia por qué era yo así.  Alguien llamado padre me había  legado lo femenino, más allá de la imaginación.
Poco a poco adquirí mi propio arsenal para transformarme. El maquillaje, la figura, los ademanes que de a poco salen con timidez hasta mostrar lo que soy. Cada día me profesionalizo más y más. No quiero que mi final sea el de mi padre.
Cuando avisaron que mi padre estaba muy enfermo exigí a mamá verlo. Al retirarnos, era una noche más, le pregunté a mi madre porque vivía a orillas del río. Mi madre me dijo, el lleva en su cuerpo la sigla VIH  y la luna con su luz le puso un cabaret a orillas del Mapocho.




                                                                        Medeliz Aguirre