11 de enero de 2014

POESÍA / Jorge Ragal








UN SOLITARIO ÁRBOL ROJO


Un solitario árbol rojo crece en medio del desierto.
El árbol crece amparado por su propia sombra.
Crece impunemente sin mayor obstáculo.
Por cierto también crecen sus frutos y sus profundas raíces.
El árbol cuando crece se confunde con las nubes del crepúsculo.
Sus flores son profundamente perfumadas.
Una noche un rayo alcanzó al solitario árbol rojo.
Entre las llamas un hombre ascendió hacia los cielos.





ANTES DE CRISTO


Antes de Cristo sólo existían los romanos
quienes adoraban a una diversidad de dioses.
Por ejemplo, el dios del fuego era Vulcano.
El dios de la luz era Apolo.
Y el dios del mar era Neptuno.
El año 1, con el nacimiento de Cristo,
se pretendió ordenar el tema de los divinidades.
Cristo sería representante del único dios del universo.
El dios del amor compasivo.
Para confirmarlo se produjeron una serie de milagros.
Nació de una virgen.
Resucitó al pobre Lázaro.
Caminó sobre el mar.
Expulsó a los mercaderes del templo.
Pero por una extraña razón lo crucificaron el año 33.




TIENES QUE VIVIR LA VIDA


Tienes que vivir la vida como si hubieses perdido la visión.
Como si tu biblioteca ardiera en llamas.
Como si olvidaras tu propio nombre.
Tienes que vivir la vida como si ya no creyeras en dios.
Como si tu mujer te abandonara por tu mejor amigo.
Como si te acusaran de un crimen por encargo.
Tienes que vivir la vida como si hubieses padecido una violación.
Como si te internaran en un manicomio.
Como si sufrieras la muerte de tu único hijo.