15 de junio de 2009

LARGA DISTANCIA / Augusto Munaro / desde Argentina.



Jorge Teillier

El pasado-futuro de la Poesía Lárica



Por Augusto Munaro


Desde Argentina




La híbrida y confusa actualidad, asediada por la inmediatez y el consumismo desenfrenado, parecen haber establecido una era cada vez más apoética, donde el simple oportunismo rige su insensible credo; el de su triste apatía. No es la primera vez que esto parece notarse. La literatura, nuestra fiel testigo histórica, ha registrado a través de los siglos y desde tiempos inmemoriales, ese sentimiento de añoranza que acompaña el destino del hombre. Por eso, ya Hesíodo, en los Trabajos y días, echaba de menos aquel tiempo idílico del reinado de Saturno, donde los días eran inocentes, plenos de justicia, abundancia y bondad; una Edad de Oro donde la humanidad, que entonces vivía su primavera perpetua, era pura e inmortal.
El pasado siempre ha resultado instructivo a la hora de estimular la imaginación, ese paraíso perdido que resulta la memoria. À la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, tal vez sea el esfuerzo intelectual más ambicioso y sostenido por ese principio, puesto que intentó recuperar del pasado, sus mejores días vividos y terriblemente añorados, con el fin de convertirlos en presente continuo –su incorrupta lectura. Otros, más modestos, se han refugiado en la nostalgia, aunque circunstancialmente revestida por cierto aire romántico. Lord Alfred Tennyson, por ejemplo, cuyos temas mitológicos y medievales desarrollados en plena época victoriana, revivieron con su poemario Idylls of the King, las historias artúricas; buscando siempre el heroico espíritu británico de antaño. En Latinoamérica, Felisberto Hernández, José Antonio Ramos Sucre; e inclusive Rolando Cárdenas, avivaron a través de distintos grados de escritura, la esperanza que despierta el futuro como regreso al venturoso pasado.
Pero ha sido el lírico Jorge Teillier (1935-1996), quien más acertadamente supo en lengua castellana, crear a través de su imaginario poético, un espacio para recordar el pasado. Sus libros, todos, vindican y aspiran ese estado de Gracia, cuya tendencia regresiva, de replegarse hacia la infancia y el recuerdo, ofrece una alternativa ética y estética que se articula con un fuerte sentido de unidad. Su crepusculismo hace hincapié en la búsqueda de los valores del paisaje del sur de Chile, de sus aldeas y de la provincia atravesada por los solitarios y huidizos trenes de frontera. Con un lenguaje sencillo y sereno, diseña su sentimiento de evasión por el presente, donde la ensoñación alcanza realidades más altas y secretas, a través de acertadas metáforas. “Un día u otro/ todos seremos felices./ Yo estaré libre/ de mi sombra y mi nombre./ El que tuvo temor/ escuchará junto a los suyos/ los pasos de su madre, / el rostro de su amada será siempre joven/ el reflejo de la luz antigua en la ventana, / y el padre hallará en la despensa la linterna/ para buscar en el patio/ la navaja extraviada.” Versos íntimos, bien estructurados que marcan el estilo de un sobreviviente –tal vez el último-, de una Edad de Oro. Así, sus textos intentan recuperar los últimos vestigios del mundo misterioso e inalcanzable del que se imaginó honroso testigo.
Ahistórica, situada en las antípodas de la poesía social, la escritura teilliereana tiñe sus libros de una realidad que subvierte lo cotidiano, dotándole de mayor vitalidad. Su lírica desde Para ángeles y gorriones (1956), hasta el póstumo En el mudo corazón del bosque (1997), producto de un fino y selectivo lenguaje arcádico; revela un paciente camino de búsqueda de identidad, algo que pudo consolidar durante cuarenta años de vocación. Jorge Teillier fundó una mitología lárica, poesía del Lar, del Origen. Sus versos recuerdan nuestras dichas. Leerlo es una de ellas.

2 comentarios:

Antonio Arroyo dijo...

Augusto, encantado de tu comentario. Certero y ameno y más para mí que aprecio la poesía de Jorge Teillier y de tantos poetas de por allende.
En Canarias tenemos un gran poeta, Luis Feria (1927-1999) que no cayó en ese gran retroceso que fue la poesía social y psicológica durante los 50-60 en pleno auge de la dictadura franquista que nos duró 40 años. Muy bien, pero para la poesía española e hispana fue retroceder no a una edad de plata sino de cartón piedra.
En fin, Luis Feria a contracorriente siguó fiel a su concepción de esa edad de oro que tú nombras, y hasta ganó el premio Adonais. Obras:Conciencia, Fábulas de octubre,Calendas, Clepsidra, Salutaciones, Dinde.
Fundó su poesía en el territorio de la infancia, en esa edad dorada. ¿Hermano gemelo de Teillier? Ten en cuenta que en España hubo mucho aislamiento por entonces. Imagínate en Canarias.
He aquí una muestra:

"A la lenta caída de la tarde
amar la vida largamente es todo
el oficio del hombre que respira.
Alzar la mano y detener el cielo.
Destino de la luz, nunca te acabes."
Lui Feria, Conciencia

Un abrazo, Antonio Arroyo.

Anónimo dijo...

Augusto, el columpio llega
al cielo, mis pies se aferran al suelo,mientras corren en tropel las imágenes de mis tiempos aquellos.
Que deseos de vivirlos de nuevo,
guardarlos en una ánfora y prolongarlos, aunque sea en una silla de ruedas, volar, volar.
Medeliz, un abrazo