6 de enero de 2010

NICUENTO / Carlos Órdenes Pincheira




LOS CABALLOS

"Sobre los techos duermen las estrellas"


R
ecuerdos vienen como pequeños soplos, escenas de caballos enloquecidos trotando entre los arreboles, y un mocetón tratando en vano de lacear alguno, lo cual era ni más ni menos una empresa demasiado difìcil: era su primer trabajo como perseguidor de rayos y sueños imposibles.
Ahí estaba el patrón observando cada uno de sus movimientos.
Desde la terraza en construcción, comprendió que lo estaban mirando y empezó a dirigir el lazo con mayor celeridad. Tuvo miedo. Miedo de ser despedido. Pensaba en su madre, en sus hermanos, todos esperanzados en él. De soslayo, miraba pasar hermosas mujeres como sacadas de un cuento demasiado bello para ser verdad. También el pasar veloz de los microbuses. No. No sería despedido porque tenìa un corazón potro alazán, fuerte y triunfador, y nadie podría dejarlo cesante, menos en su primer día. Ese primer día que parecía no acabar nunca, aunque él igual se mantenía erguido, diestro, y de reojo miraba los caballos rosados, bermejos, atravesando los campos inundados de hierba roja...Jamás habìa sentido en su cuerpo tanto calor, tanto sudor. De repente, tuvo la impresión de que terminaría hecho una bolsa de humo sobre la vereda por donde pasaba la gente presurosa y confiada...Sintió ganas de llorar. Gritar. Gemir. Le dolían las manos de tanto mezclar arena, cemento y agua. El mundo, en forma lenta, se estaba acabando. Era un suplicio. Otra vez arrojó la mirada hacia los caballos, pero ya no los vio: un manto de niebla y cisco les habían reemplazado...
-Te puedes ir, gracias...Vuelve mañana.
Bajó de prisa los escalones del edificio La Alborada. Se fue directo hacia la Alameda de las Delicias con Amunátegui para tomar el microbús que lo llevaría a casa. El corazón le palpitaba alborozado. Le daría un beso a su madre, miraría a sus hermanos con alegría. Ahora todo iba a cambiar porque al día siguiente otra vez estarìan los caballos rosas, bermejos, corriendo por la llanura rojiazulada del cielo...



Carlos Ordenes Pincheira

2 comentarios:

Diego de la Noche dijo...

Es raro: en España el nicuento Los Caballos fueron muy comentados...
Desde que está puesto aqui nadie ha dicho nada. Jajajaja. Sois todos "magníficos"...

Carlos Ordenes Pincheira

Manchados dijo...

Carlos...¿de qué te extrañas? Es incomparable el actuar de los blogueros españoles a el típico de acá, menos cuando se trata de leer a los pares, porque lo más seguro es que sí te leen, pero no comentan por lata, porque prefieren facebook o porque cuentan los comentarios de sus propios blogs. Yo ya estoy "curada de espanto" y prefiero seguir trabajando hasta que "me de el cuero".

Tómalo así!