4 de marzo de 2013

COMENTARIO / CRÓNICA DE UN DESASTRE, de José Santana Prado



CRÓNICA DE UN DESASTRE
(Memoria del 27F del 2010 en Chile)
José Santana Prado
 
 
De ese modo la tierra sacudió su enfado, pero enseguida, un inmenso grito se ahogó en medio de la altivez del océano. La materia se diluye sin el mínimo de educación y la angustia aprieta la conciencia de los indefensos.
Árboles caídos se entrelazan con los cuerpos sin vida, son obligados a formar parte de la estadística. Este pueblo se llamaba…por desgracia, hoy perdió su nombre. El cementerio explotó de coraje y ha permitido salir a sus huéspedes, cansados de la eternidad; es que, nuevos inquilinos ocuparán las tumbas en renta.
El barco pesquero, de improviso cambió de rumbo, ahora se encuentra entre las redes de la carretera y las casas flotan a la deriva sin capitán ni timón, no hay pasajeros sobre cubierta, todos desaparecieron, alguien decidió que no deberían estar a bordo.
El miedo no tiene vergüenza e intenta pasarse de listo. La llama pretende quemar a la hoguera. El agua moja con sorna lo que ya está mojado. La avioneta universitaria desalojó a sus ocupantes. Desciende sin control hasta tocar el monte, sin importar que la turba enloquecida se dedique con impunidad al pillaje.
El desastre es total: Los fallecidos extrañan a los que aún están de pie, no tuvieron tiempo de despedirse, aunque el matecito de las once ya está puesto en la mesa y los invitados se excusaron por no asistir a la reunión.
 


Una vez más, el agua se mofa de sí misma, ahoga la vida sin piedad y después, se hace necesaria con soberbia para la supervivencia. La ayuda, llega que llega pero no del todo, a veces se presenta cuando ya es un poco tarde, aunque hay quien diga que jamás será demasiado tarde. No hay tiempo de reclamos, el siniestro ya apareció en las noticias y la verdad sale a flote por su propio pie. Errores humanos de comunicación, qué fatalidad.
La geografía y la estadística se han modificado sustancialmente: Éramos tantos… ahora, somos menos. Y la vida tiene que seguir avante a pesar de la desgracia, para transformarse, aunque de lamentable manera, en la crónica de un desastre.
 
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