Mostrando entradas con la etiqueta patricio_alfonso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patricio_alfonso. Mostrar todas las entradas

8 de octubre de 2013

COMENTARIO / Patricio Alfonso U.




CON LOVECRAFT EN LOS ESPACIOS DEL MIEDO



Se podría consignar que el horror lovecraftiano es en buena medida un horror arquitectónico. Dan cuenta de ello tanto la ciudad de errónea geometría que emerge impíamente del mar en La Llamada de Cthulhu  como las casas leprosas de los callejones de New England, donde se guarecen espantos sin nombre. Para  que mencionar The Nameless City, donde el tema es precisamente una urbe ajena a cualquier patrón humano.  Ahora bien, esta impronta arquitectónica del horror va unida por una parte a la sombra del pasado, se trate del pasado inmemorial del que emergen monstruos y dioses de pesadilla o de la simple vetustez de casas y lugares de El Ceremonial . Se podría decir entonces que lo que inspira el horror en Lovecraft es lo malsano de la decadencia, los cuerpos en descomposición, lo antiguo como signo de muerte y aniquilación; se podría proclamar el parentesco del escritor de Providence con Poe, con ese Poe que escribió Valdemar y La Caída de la Casa Usher, el cuerpo en ruinas y la mansión acabada como enseña o metáfora del cuerpo en ruinas. Se podría, y no faltan razones para ello. Pero tal vez las cosas no son tan simples,  no solo porque ese mismo Lovecraft albergaba también como hombre una mentalidad que ha sido motejada de “reaccionaria” y “antimoderna”, una mentalidad vuelta, como la de Novalis, hacia la medianoche de lo pretérito, sino porque esa mentalidad – y no podría ser de otra forma -  queda asimismo retratada en sus escritos. Léase, por ejemplo, un cuento como Él, fiel reflejo del traumático período que nuestro autor pasó en Nueva York, y se verá como el horror se encarna en toda su impiedad, no en las sombras y casas vetustas del ayer, sino en las dantescas y aplastantes  torres de la modernidad que han venido a reemplazarlas. Y su impiedad está dada fundamentalmente por el hecho de que han venido a reemplazarlas, demostrando su condición maligna en algo que me siento inclinado a calificar como una brutal “falta de respeto”. Lo moderno es para “este” Lovecraft  (indisolublemente unido al “otro”) epítome de destrucción, de avasallamiento de un mundo para reemplazarlo por otro que en realidad es un in-mundo, algo abominable. Es probable que este sentimiento lovecraftiano (o que esta parte del sentimiento lovecraftiano) pueda hoy sentirlo cualquier ciudadano de Santiago de Chile al caminar por esos hermosos barrios antiguos que las inmobiliarias en contubernio con la autoridad ignorante o inescrupulosa  están destruyendo ahora mismo. Quien contemple las siluetas amenazantes de esas torres, no tan distintas de las imaginadas por Lovecraft en Él, cerniéndose sobre el borde de las antiguas casas en Ñuñoa o en nuestro casco poniente podrá entender también como la modernidad, y muy en especial la modernidad arquitectónica, puede ser una forma del mal.


Esta contradicción lovecraftiana (1) es entonces causa de que su forma particular de horror no tenga salida.  O debiera decir, tal vez, que el horror en Lovecraft se constituye como tal precisamente por la imposibilidad de encontrar una salida. El mundo de Lovecraft se presenta como una aporía, como  un laberinto que encierra (en) el horror. De allí la condición pesimista de sus escritos, a los que cabe considerar como una muestra especialmente desesperada de existencialismo. El perfecto pesimismo de Lovecraft se traduce consecuentemente en su desconfianza y desdén hacia la mitología del progreso, hacia the american dream. y the american way of life. Y aquí podemos establecer un nexo hacia otro aspecto de su obra. No cabe ninguna duda de que Lovecraft fue durante su madurez literaria un escritor regionalista, que fue – como Hawthorne, como Melville, como el mismo Poe- un autor de New England, del este  norteamericano. (2) Fijémonos en la unción con que Lovecraft describe el paisaje y la arquitectura de su región, de la que casi no salió en su vida, de la veneración con que describe Providence, la ciudad que lo vio nacer y morir. Ahora bien , en las coordenadas transversales del país del norte, el este es el lugar de la arribada, aquel donde se sedimenta (en tiempo record, comparado con lo ocurrido en Europa) una tradición, es decir, un llamado a volver la cabeza hacia atrás, hacia el pasado, la condición primera de la nostalgia. El oeste, por el contrario, es la tierra del futuro, el lugar donde todo está por construir, la comarca del emprendimiento donde sólo tiene sentido mirar hacia delante y ser optimista y valeroso. Se trata, desde luego, de una simplificación, pero quizá en la misma se podría encontrar el retrato del alma de H.P. Lovecraft o, menos pretenciosamente, de su propia comarca mental.



Patricio Alfonso Ulloa
Publicado en La Mancha Nº 20



Notas

(1)   No soy ni mucho menos el primero en señalarla “ ¡Terrible contradicción, romántica contradicción  entre la huida al pasado y el horror de ese mismo pasado, entre la fascinación y la repulsión de la muerte! La necrofilia de Lovecraft – como la de Poe – es, a la vez, necrofobia porque en verdad nunca se puede amar la muerte”  Rafael Llopis.  Los Mitos de Cthulhu.  Alianza Editorial, Madrid, 1970. Pág. 32.

(2)   Sobre el regionalismo/realismo en Lovecraft, veáse Llopis, Los Mitos...,pág. 21,  incluyendo las citas. Y en este punto, me parece posible emparentar al autor de Providence con nuestros poetas láricos, quienes prescriben una estética del entrañamiento. Por contraposición, el horror lovecraftiano vendría siendo un síntoma de extrañamiento, de una inadecuación radical.


12 de agosto de 2011

LETRA NUEVA / Alias & Co. # 5, dedicado al comic.

 Esta nueva entrega del Alias & Co., publicación a cargo de la  Biblioteca de Santiago, esta dedicada al comic, y como apronte, he aquí su editorial para ir entrando al tema e incentivarlos a adquirir uno de estos números gratuitos en Sala Novedades, ¡antes de que se agoten!


Apuntes para una bisagra 
entre el hoy y el ayer
de las historietas chilenas



por Vicente Plaza


Nos alegra a dibujantes y lectores el interés de la Biblioteca de Santiago para dedicar julio de 2011 al cómic. Bueno que se incluyera un espacio para exhibir y exponer experiencias y obras a jóvenes que están en la autogestión y los fanzines..

Las historietas chilenas han tenido una historia, en cuyos procesos actuales la autogestión y los fanzines son un método y un medio importante para desarrollar proyectos de profesionalización, respondiendo también a la dificultad de iniciarse dentro de la industria editorial. El fanzine hoy es un lenguaje de emergencia de talentos y de proposiciones en miras a profesionalizarse, es un lenguaje para emergencias, y aunque suena humorísticodecirlo así, no falta a la verdad, porque el humor es importante en un sistema que agobia por el problema del empleo, de hacer una vida en la ilustración, en la escritura o la narración gráfica.

En 1989 (aprox.), Antonio Arroyo convocó en la revista Trauko a un concurso de fanzines que tuvo una convocatoria numerosa y sorprendente. Era un fenómeno y una realidad potente, que había tenido un proceso de gestación en los jóvenes, en su vida, en sus colegios, en sus casas y barrios —y que era efectivamente subterránea– .
Los temas y ánimos eran variadísimos, descontando que sólo convocaba el contexto del cómic, a saber: Terror, Rock pesado y fotos de chicas, ironía, metafísica, descreencia, sorna. Rock y palos, como se titulaba uno de ellos, y entre esos títulos los chilenismos, por ejemplo: Kagaziki.

Si estrictamente el fanzine fue en su origen la autopublicación hecha por los fans de algo, cosa que implica aunque sea imaginariamente cierto grado de “confort” o de “gourmet”, la vida latinoamericana impuso a la adaptación unas formas en cierto sentido ajenas y nuevas, o sea cierta crudeza conciente e inconciente a la vez, que es el correlato evidente de la mochila de “la realidad” que de joven se recibe. Crudeza del dibujo y la palabra, crisis de adolescencias que encontraron un lenguaje y un formato, un medio de comunicación una vía de creación y hasta de salida. Estaba el elemento básico de ser fans del Rock y los cómics, pero su forma de serlo es la diversa, inconciente de sí detrás de la estilización, de todas las influencias que creemos necesarias tener.

Aquella expresividad caótica y cruda, aunque no ha dejado de estar, ha evolucionado hacia la proposición de proyectos profesionales, es decir, más “tranquilos”. El arte y la vida no tienen por qué exponerse en una sola cosa siempre. Es mi hipótesis a tientas del proceso que desde los 80 a hoy día han tenido los fanzines.

¿Hay alguna bisagra que una a los anteriores dibujantes profesionales de historietas con los jóvenes que quieren ser profesionales hoy? Si existe, quizás está rota, pero en realidad primeramente deberíamos saber de qué está o estuvo hecha. ¿Existen maneras, temas, dibujos, intenciones que persistan en las historietas, los cómics, la narración gráfica que hacemos? ¿Cuáles son los elementos y los rasgos que nos hablan de un “nosotros”, traspasando la influencia, la moda de cada época, las copias? ¿No son esos elementos los que genuinamente pueden a interesar a otras culturas? ¿Son el humorismo, la crudeza inicial, y nada más, o definitivamente hay una fractura entre hoy y ayer? ¿Si no existe nada latinoamericano, nada “chileno”, si es global, por qué existen historietas que llamamos italiana, española, etcétera? ¿Es sólo una realidad de poder y de capital? No podría responder esas preguntas, porque ya me pasé de mi espacio.

Vicente Plaza




12 de septiembre de 2008

POESÍA / Patricio Alfonso Ulloa




POEMOIDES


CREPÚSCULO

Al fin del día
miro por la ventana
desde el ayer
girando la cabeza
me devuelven los muertos la mirada.


STRIPPER

Ella se baña
mientras baila
en la rojiza luz de un mundo ido
de un mundo que no está
en el ojo de un sol quizá más viejo
en un foco de sangre
desgastada


DENN DIE TOTEN REITEN SCHNELL

Sabías
que en la calle no hay nadie

Esas sombras que pasan
son sólo sombras
y nadie las proyecta

La lluvia cae en un cuadro
de Caspar David Friedrich
y en la calle más ciega
los transeúntes son tímidos
y veloces.


Patricio Alfonso Ulloa
Publicado en La Mancha número diez.


Ilustración: Amanda