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19 de marzo de 2013

LETRA NUEVA / Casa Quemada, de Francisca Contreras y Yasmín Fauaz







"Casa Quemada es el origen de la mendiga. El acto sublime en el que fuego & poesía se hermanan en lo que a ceniza deviene.

Siendo justa a este siglo en su existencia la casa que se inmola se autoerige desposeída,
deshabitada; deserraiga a su ama y libera a la errante que deambula por las calles.

Desde las cenizas renace la perra suelta y deja como única herencia la ruina latente a su amada ciudad oxidada.

Inauguran el templo-callejón los cantos enardecidos que emergen del asfalto hacia los cuetro puntos cardinales, libres por fin ante el derrumbe de las paredes..

Una vez fuera, hembra & calleja declaman juntas la abolición del retorno & la ceguera".






-Acostumbro hablar-

Yasmín Fauaz 


Acostumbro a hablar en humano,
género ambiguo/HermAfrodita/
nexo con la piedra, nexo con la estrella,
no hay más etiquetas, aunque ud. no me entienda.

Hablo en yos, en ese nosotros perpetuo-anacronismo,
donde nada cambia realmente:
seguimos siendo alimento de codicias.

La divinidad nos ignora,  permite sempiternas las cadenas.
La divinidad indiferente y perdida,
perdida en su propia inmensidad.
¿Qué mundos le ocupan la conciencia?
¿Qué distancia o protocolos nos separan? 

¿Acaso no husmea nuestras obras?
¿Acaso no siente cómo le nacemos?
¿Todo aquello que creamos?
¿Acaso nos espera?
Silencio.
Hasta ahora no hay respuesta.
Y este silencio enloquece nuestros miedos por las noches.
Crispa nervios colmados por la duda.
¿Qué hacer con la impotencia?

Esta tierra la gobierna una vieja espectra
y sus lacayos ciegos que le creen.

Torpes traidores de la vida,
rellenan con pólvora las balas dedicadas a los todos,
las bombas dedicadas a los nadie,
por un puñado de quimeras.

No hay nada que los llene.
Caemos entonces Magdalenas y Sofías,
Esperanzas, Soledades,
como peonas en efecto dominó,
caemos como naipes.


*****

13 de agosto de 2012

NARRATIVA / Microcuentos de Francisca Correa





SE ESCRIBE POESÍA CON TANTA VEHEMENCIA

Se escribe poesía con tanta vehemencia, las putas mismas son más manoseadas en la poesía, en las “p” de putas, de prostitutas, de profanadas, de patria… ¿y por qué no pirañas, pelicanos, las pesadillas, y por qué no los peludos o los payasos? En vez, la penumbra, abstracta y abyecta, nos hiende tan dentro, y cómo nos violenta, la pura presencia de la penumbra nos perpetua un clavo en la espalda, justo ahí donde se engendra la soledad, y el miedo, a la altura de la columna, y de las axilas, la penumbra… como se clava en la espalda de lector ausente.




CARNE

Dejó de hacerlo, cuando prescindí de posar mis labios, de confluir en la desnudez, de desmenuzar sus palabras en miles de gestos intravenosos y sugerentes, de introducir mi carne abierta en al univoca pulsación de sus muslos, de poseer a calle entre las piernas y los ojos entre las piernas y los libros entre las piernas y la noche entre las piernas, cuando no era vino el semen agolpado en el vientre, cuando no era carne porque dejé de posar los labios, entonces el pseudoartista ultrasensible romantikoyviolento y además vegetariano, se alejó simplonamente de mí. 



REICIDENCIA

“Antiguamente una tribu de hombres errantes perseguía animada el camino del sol, cada día abordaban el viaje junto a la primera luz del alba. Al atardecer, sorteando las sombras del ocaso, el retorno se desplegaba bajo el abrazo tibio de los últimos rayos. A veces la pequeña Achik veía a pocos metros el campamento anterior, se dormía pensando en lo cercana que era algunas veces la luna.”
·         ¿Por qué lo hacen, papi? –pregunta la pequeña Rebeca con los ojos abrumados.
Antes de que cante un gallo, de un solo impulso sus piecitos ya galopan por la vereda, a ver si ha crecido un poquito y puede atravesar a saltos gigantes el luche de tiza.



NOS DEJAMOS LLEVAR

Te habrías dejado llevar apenas por el tenue cause de nuestras risotadas, pensaba.
Si hubiéramos hablado más a fondo del ocaso en aquel sur nacarado, de ámbares los potros lejanos cabalgando sobre cerros, si hubiéramos sido nácar y pasto, maleza enraizada a maleza, rocío albino celebrando amaneceres por los años que nos quedaban; si hubiésemos callado menos y el silencio no se armase en nosotras como témpanos abismantes, empujones insolentes hacia la inmediatez, la mediocridad del ojo por ojo y la actitud humana, el sinsabor de verse en pie sobre cadáveres sumisos, el arrebato de los cuerpos transparentes a la luz de nuestros juegos; si el silencio no hubiera coagulado nuestra sangre y de cristales los ojos, hubiéramos, si acaso por gesto sublime, tapado tú mi boca y yo tus oídos, y habríamos contemplado menos tiempo a nuestra infancia por el ojo de aquel caleidoscopio.