Mostrando entradas con la etiqueta elizabeth_cárdenas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elizabeth_cárdenas. Mostrar todas las entradas

14 de agosto de 2013

INVITACIÓN de Calafate Cartonera: presentaciones poemario EN LA BOCA DEL LOBO, de Elizabeth Cárdenas



Este viernes 16, todas nuestras energías estarán concentradas en Biblioteca de Santiago:






EN LA BOCA DEL LOBO, escrito por Elizabeth Cárdenas, bajo la factura de Editorial Calafate Cartonera, se presenta el próximo 16 de Agosto,  y debido al interés que ha suscitado, se presentará también el día 23 de Agosto, ambas fechas en Biblioteca de Santiago.

Este  libro-objeto cuenta en su interior con ilustraciones originales de Karen (Plástico) Peñaloza.



16 de Agosto, a las 19 hrs.
en Sala de Literatura de la Biblioteca de Santiago 


Matucana 151 - Metro Quinta Normal, 

Será presentado por sus editoras y contará con una performance exclusiva de la profesora de danza y bailarina Alondra Machuca.

Se servirá un vino de honor.



Segunda presentación:

23 de Agosto, 19 hrs.









La Sala +18 de la Biblioteca de Santiago abre sus puertas para leer poesía, para inspirarnos en imaginarios de fábulas que rondan al poemario, donde la autora vestida de ropas de Caperucita, se enfrenta al lobo que en cierto momento ya no es tan feroz.

El poeta Felipe Oviedo prologa ""Pronuncio tu nombre en la espesura / mientras la luna está perdida / y nosotros estamos en otra parte / pensando que lo que tenemos es lo que merecemos / cuando la verdad / no es ni la ínfima parte de lo que debiéramos esperar", sentencia el poema que le da nombre al libro, como si la voz que piensa se hubiese distanciado tanto de la voz que habla, que aveces, la autora no sabe si es su lengua la que acaricia, o si es la de este lobo omnipresente que en cada poema la mastica y la tritura para recordarle que sigue viva."
Nos acompañará esta vez, Felipe Cadenasso, líder de la banda chilena Matorral, presentando algunas de sus canciones .

17 de junio de 2011

POESÍA / Elizabeth Cárdenas



EL DOLOR


Cuando cesa el dolor en la cumbre
al cuerpo le duelen las rocas de su sangre.

Hieren lo frágil de nuestros ojos
los sonidos tenues en nuestro oído
leve la piel
que se desvive con la mínima cercanía

Te juro que he tratado
Pero no recuerdo cómo llegué hasta ese momento

Se abrió el surco
de un rasguño
que arrastró a su paso
todas las razones de la tierra

Y en esta tarde
y en esta mañana
y en esta noche
la lluvia fina colma la sequía

Nos miramos unos a otros
con ojos blandos
con voces suaves
y el dolor se queda quieto
en silencio
atento a nuestros gestos.





Elizabeth Cárdenas
Publicado en Revista La Mancha # 17

Elizabeth Cárdenas, poeta y escritora. Estudió Ingeniería Informática en la Universidad de Chile y es instructora de yoga. Participó en los talleres literarios de Zona de Contacto y La Torre Lúdica. Sus trabajos han sido publicados en sitios web y en las revistas El Ermitaño, El Ancla y LA MANCHA, además de la revista EL PUÑAL que ella edita y publica junto a Rodrigo Suárez y los integrantes del taller del mismo nombre.  En el 2007 obtuvo una mención honrosa en Santiago en 100 Palabras. Ha participado en variadas lecturas poéticas y en el año 2008 creó una micropublicación llamada Chusca de siete suelas.


Fotografia de Amanda Espejo

17 de mayo de 2010

NARRATIVA / Elizabeth Cárdenas


EL OJO DEL OTRO




M
ariana se despertó en mitad de la noche. Durante el sueño cargado de imágenes, algo apareció. Aquello le hizo abrir los ojos. Agudizó el oído unos segundos y luego observó su cuerpo al que encontró en una postura forzada. Se reacomodó, respiró hondo e intentó dormirse otra vez, sin lograrlo. Fue el cansancio quien ganó la partida, dejando que las ideas fueran en todas direcciones y crearan nuevos sueños aún más extraños que los anteriores.
Pero ese algo que despertó a Mariana no fue borrado totalmente de su conciencia, tan sólo filtrado apenas unos segundos antes de despertar. Vino entonces el día, con su actividad frenética, a cubrirlo todo. El mundo siguió su curso natural y mientras Obama recibía el Premio Nobel y algunos lo cuestionaban, Mariana estaba metida en el baño de su lugar de trabajo.
Cepillaba sus dientes contando desde uno hasta cien, reiniciando cada vez que perdía la cuenta. Fue allí cuando sucedió, cuando miraba su rostro en el espejo. En un principio no supo bien qué era lo que pasaba, pero luego un flujo repentino de sangre llegó a su cerebro y lo vio. En su ojo derecho algo no estaba bien. Ese pequeño diseño, ese ojo que había sido heredado quizás de su madre, ya no estaba. Lo que allí había ahora y ocupaba ese espacio, no le pertenecía.
Se quedó entonces allí, dejando que el agua corriera. Se lavó la cara pensando que no era tan fácil decir “Este ojo no es mío”, que una afirmación de ese tipo puede arrancar risas o qués innecesarios. Hasta uno mismo puede sospechar que se ha perdido la cordura.
Cuando pudo recuperar algo de calma, salió del baño caminando despacio, portando ese ojo ajeno, creyendo que todo se debía al exceso de café y que era mejor marcharse a casa a descansar.
No es fácil irse a dormir, se decía, sobretodo ahora que tengo este nuevo ojo –como decidió llamarle-. Mariana y su nuevo ojo, se tendieron sobre la cama para atraer al sueño lentamente. Esta vez ningún velo cayó sobre ellos para hacerles olvidar su nueva situación, sino que agotados, sólo pudieron quedarse dormidos a las tres de la mañana.
Un minuto más tarde, el viento dejó de soplar en el exterior y el silencio fue interrumpido por un ay de profundo dolor que emergió de las cuerdas vocales de Mariana. Su mano derecha voló a cubrir el nuevo ojo, su cuerpo se dobló para sentarse en la cama. Una puñalada clavó en lo profundo de ese ojo como si quisiera estallar. Ella pensó “quisiera” porque sentía que ese ojo ya tenía conciencia propia.
Luego el dolor se desvaneció. Aliviada se tendió de espaldas mirando el techo perdiéndose en la profunda oscuridad que la absorbía. Giró su cuerpo hacia la derecha, sobre el costado, se cubrió bien con la frazada y volvió a dormir.

Muchos días volvió a despertar un minuto después de las tres. A veces se quedaba pensando cosas triviales como que al otro lado del mundo ya era de día o que la oscuridad tiene distintos tonos de oscuridad. Incluso si cerraba los ojos podía ver la forma de objetos que había visto camino a casa. Luego ya no pensaba tan claramente, sólo imaginaba cosas y saltaba de una idea a otra sin parar. Hasta que una noche, el silencio fue interrumpido por una voz rasposa, que era ajena a su propia voz. La voz dijo “Ven” y ella dio un salto de pavor en su cama y se quedó muy quieta hasta que se hizo de mañana.

-Te lo digo como amigo –le dijo su jefe al día siguiente- ¿hay algo que te esté pasando que afecte a tu performance? Será confidencial, no te preocupes.
-No, no me preocupo –contestó Mariana y el nuevo ojo comenzó a temblar descontroladamente
-¿Es a causa de la pega? -le dijo el hombre mirándole el nuevo ojo.
-No, es que no me he sentido bien, no sé por qué –y el dolor que días atrás le clavó en lo profundo del ojo ahora se hundía en su mejilla derecha. Su mano derecha cubrió su cara y doblada de dolor trató de modular algo que su jefe pudiera entender. El hombre sólo atinó a acercarse a ella y descubrirle el rostro preguntándole qué sucedía.
-Mi cara. Me duele. –Aulló Mariana y se puso de pie diciendo que iba al baño.

Abrió la puerta y encendió la luz. Abrió la llave del agua que escurría fría por el lavamanos hacia el desagüe. Puso la cara bajo el chorro tratando de aliviar la fiebre repentina. Pero pronto, como sucedió la primera vez, el dolor desapareció. Mantuvo la vista hacia el desagüe, sabía que esta vez no había sido un aviso. Otra vez vino el dolor que se agudizó haciendo que un pitido sonara en sus oídos. Trato de respirar hondo. Pensó que ya no podía negarlo más. Temblando y mientras su cuerpo se debatía con el dolor, se miró al espejo con temor, anhelando que no estuviera sucediendo. Pero allí encontró que la mitad de su cara ya no le pertenecía. Parecía ser la mitad de otro rostro. El ojo derecho la miraba inquisitivo, mientras el izquierdo temblaba de miedo en la pupila.
Es hora, pensó parte de ella y otro enorme dolor la tiró finalmente al piso. Esta vez todo su cuerpo tembló y se retorció descontrolado. Alguien golpeó la puerta tímidamente preguntando si estaba bien, pero no tuvo fuerzas para responder.
Sosteniéndose en los muebles se puso de pie y buscó el espejo con desesperación. Se limpió los ojos llorosos y enfocó. Quien se miraba no era Mariana, nada en ese rostro tenía un leve vestigio de ella, otro rostro distinto, el rostro de un hombre, miraba superando los estertores. El cuerpo seguía siendo el cuerpo de Mariana pero su cabeza era la de otro.
Con movimientos certeros el nuevo rostro tocó su nuevo cuerpo e hizo una mueca de insatisfacción. Tomó un trozo de papel con el cual secó su cara y sus nuevas manos. Reacomodó un poco su ropa y puso la mano en la perilla de la puerta.
-Estoy bien, estoy bien, dijo. Y caminó imitando los movimientos femeninos de Mariana.
-Vete a casa mejor, le dijo su jefe, te quiero renovada en la mañana.
-No hay problema –respondió esbozando una sonrisa.

Torpemente llegó hasta su escritorio y buscó entre sus papeles y documentos pistas para saber en dónde vivía Mariana y cómo podía llegar hasta allí. En una agenda vieja encontró una hoja que decía “Sólo emergencia: cuando despiertes y veas que todo esté diferente, busca esta dirección.”. Arrancó la hoja y se metió el papel en el bolsillo del pantalón y salió por la puerta ancha de aquel edificio.
Afuera el sol brillaba demasiado. Sus brazos y piernas se calentaron ante este breve contacto y comenzó a caminar mirando al cielo, sintiendo que estaba libre, después de mucho mucho tiempo.


Publicado en La Mancha 15 / UNO
Ilustraciones de Sergio Márquez

Elizabeth Cárdenas, poeta y escritora. Estudió Ingeniería Informática en la Universidad de Chile y es instructora de yoga. Participó en los talleres literarios de Zona de Contacto y La Torre Lúdica. Sus trabajos han sido publicados en sitios web y en las revistas El Ermitaño, El Ancla y LA MANCHA. En el 2007 obtuvo una mención honrosa en Santiago en 100 Palabras. Ha participado en variadas lecturas poéticas y en el año 2008 creó una micropublicación llamada Chusca de siete suelas. Es editora del blog de Revista El Puñal y parte de su comité editorial, además de miembro activo del taller literario que este grupo imparte.

8 de diciembre de 2008

POESÍA / Elizabeth Cárdenas





EL HECHO



Habíamos dicho que cuando subiéramos
íbamos a cerrar la ventana
pero allí estaba
abierta.
Sobre la mesa
la cámara apagada,
las llaves, las monedas.
la cortina, el viento que se cuela
pudiendo traer consigo sombras, ánimas

Las hormigas en la cocina
dan vueltas por las paredes blancas
se han metido en la casa
en los muros y bajo el piso.

De noche incluso puedo oírlas
mientras rebalsan la tina.
He tapado con vela las pequeñas grietas
por donde me observaban

Ya no quiero vivir en esta casa
por favor, cierra la ventana.


Elizabeth Cárdenas
Revista EL PUÑAL


Publicado en La Mancha número doce.
Ilustración: Amanda